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[CONTRATIEMPO] La inevitable decisión en mayo: ¿El cambio como contratiempo?

Demasiado empeño en vencer nos puede distraer del real propósito de esta elección. Realmente, se trata de unas elecciones que en primer lugar deben defender al pueblo con la única herramienta posible: su consciencia y su afán de hacer su propia historia.

“Si queremos que todo siga como está,
necesitamos que todo cambie”
(Giusseppe di Lampedusa, El Gatopardo)

Los tiempos electorales tienen la virtud (a falta de mejor adjetivo) de acelerar y poner al futuro en la puerta de ser realizado en un día. Adquiere así la densidad de toda una vida puesta en vilo ante una decisión que mucho más que trascendental, parece ser el origen de un acontecimiento. Sin embargo, la realidad es menos exagerada y más persistente en su empeño por andar a su propio tiempo y sin atajos. La realidad es en la cotidianidad esencialmente contrarrevolucionaria. Es decir, la realidad institucional, económica y política no se da en términos de sobresaltos. Basta recordar que fue más fácil cambiar el huso horario de una nación que cambiar el horario de las escuelas y con el tiempo desapareció incluso la intención de aquel intento por hacer que el sol iluminara el camino de los niños a la escuela.

La necesidad extrema y esta definida no sólo en términos objetivos sino, y esto es fundamental entenderlo, como percepción que está mediada por una cantidad de pre-juicios, es mala consejera para la toma de decisiones que se hace basado en la emoción que tiene como punto culminante en el caso electoral, la divulgación de los resultados. Una vez conocidos estos y alcanzadas o no las expectativas, sigue un retorno súbito a una realidad que en sustancia, no ha cambiado sino en términos de estado de ánimo. Las condiciones de vida actualmente en Venezuela son entendidas como un acto de resistencia de amplios sectores de la población a una situación que diagnosticada como guerra va convirtiéndose paulatinamente en una espesa y cotidiana realidad que no parece cesara o que culminará con el eventual triunfo de alguna de las partes. Lo que se aspira es un salto cuántico: una revolución.

Lo excepcional de la guerra viene dando paso a que se instale paulatinamente un estado de sitio que se va prolongando hasta el punto de hacerse no sólo una puja entre facciones sino en el caldo de cultivo para las peores y más miserables prácticas humanas que van consiguiendo raíces profundas en la necesidad y en la derrota cultural de la solidaridad y lo colectivo. No hay que llamarse a engaños, esa derrota finalmente se instala y consume al propio individuo que termina temiendo a su propia sombra y asesinando incluso a los propios en nombre de la libertad y el derecho a escoger que, vaya paradoja, termina siempre en preferir la muerte a través de una vida desatenta como lo advertía el poeta Miguel Hernández.

La necesidad de la revolución se acrecienta y es el espacio propicio para la restauración de la noche neoliberal en Venezuela. Han sido muchos quienes han amenazado con la vuelta de este fantasma y las explicaciones abundan para enmarcarlas en el marco del discurso decolonial, marxista, anti-corrupción e incluso, en el discurso de la anti-política. Se va haciendo costumbre una de esas “medias verdades” (medias en tanto que no son verdad y medias porque la construyen los medios) que sugieren la necesidad de un gerente para dirigir los destinos de la sociedad venezolana. ¿Será necesario esbozar este escenario? Definitivamente sí. Lo ocurrido en Argentina, Brasil, Chile y

Paraguay nos revela que la memoria de los pueblos es precaria y esa es una muy mala noticia para quienes aspiran cambios más allá de lo inmediato. Veamos.

Los sucesos de febrero 1989 son el resultado de una medida gerencialmente justificada pero políticamente significó un asesinato en masa. La explicación que han dado los gerentes es que no les alcanzó el tiempo para poder llegar a ver la luz de aquel acto de magia que suponía la liberación de la economía venezolana. Pero, ¿Quiénes pueden esperar si lo que se avecinaba era el hambre? Nos dirán que los tiempos de ahora no son distintos a aquellos. Probablemente alguna razón tendrán, la diferencia estriba en que los que saquearon, murieron y sufrieron no contaban como accionistas de aquel acto de gerencia de los IESA-boys en la Venezuela de finales de los 80.Puesto en términos de gestión, quien quiera ser “gerente” de Venezuela en estos tiempos, tiene una “junta de accionistas” demasiado grande y con intereses tan contrarios que hace difícil, por no decir imposible, acordar el curso estratégico de la empresa.

Es allí donde el cambio se va erigiendo en un contratiempo. Porque es precisamente el cambio súbito lo que se vende y no será eso lo que finalmente se adquirirá en estos tiempos. Pero hay quienes apuestan a un cambio súbito y esos, sin ofrecer de forma abierta, lo van instalando paulatinamente y de manera sostenida en las expectativas de los venezolanos. Son los que quieren el acto de la violencia generalizada para que el terror aparte a los más débiles y entonces, será una rebatiña entre gigantes. No podemos llamarnos a engaño en estos tiempos donde creemos que hay un enfrentamiento entre “enemigos” en la plataforma de los candidatos que participarán en las elecciones del 20 de mayo. El enemigo es otro, está silente y aguarda una batalla para que el enfrentamiento sea la cortina detrás de la cual apuñalarán las esperanzas de los venezolanos.

¿Alguien duda que el enemigo a vencer es quien llama a la abstención para generar la histeria colectiva desde la desesperanza? ¿Alguien desconoce el chantaje de reconocer elecciones si el ganador es “X” por parte de una comunidad internacional que no ha hecho absolutamente nada para aliviar al pueblo y, al contrario, sanciona a un país a la escasez y la carestía? Demasiado empeño en vencer nos puede distraer del real propósito de esta elección. Realmente, se trata de unas elecciones que en primer lugar deben defender al pueblo con la única herramienta posible: su consciencia y su afán de hacer su propia historia. En esto el triunfo no será de las facciones en competencia. Será el triunfo de quienes optan por las elecciones como la “salida” (en realidad, es la posibilidad de escoger un curso de acción y eso no significa llegar a la meta). Después vendrán las otras victorias que se celebrarán dependiendo de dónde estén las simpatías de cada cual.

Lo que es ineludible es entender que el cambio, ese que algunos nos quieren vender a toda costa, puede aunque sea paradójico, convertirse en un contratiempo ya no sólo para la revolución pendiente sino para cualquier esfuerzo civilizado de dirimir las diferencias y juntar esfuerzos para defender un pueblo, un territorio e incluso una identidad: la venezolana; de mecanismos que parecen querer depredar toda esperanza humana en América para imponer un colonialismo de nuevo cuño. Contra eso es que se votará en las próximas elecciones presidenciales..independientemente de su candidato favorito.

 Emergencias: Las medidas contra las mafias deben atender las consecuencias pero no olvidarse de las causas. No es fácil la tarea de acometer el control de un sector que ha cobrado raíces en lo más sórdido de las fronteras nacionales.

 A Tiempo: La intervención foránea en Venezuela comienza a alcanzar niveles de escándalo. ¿Será señal de desespero y derrota?

 Allende: El capital siempre es cobarde… Argentina que optó por el cambio ante la oferta de lluvia de inversiones ve no sólo la sequía sino la estampida de los inversores. Malos cambios estos que se hacen desde la avaricia y la ambición.

Sobre el autor

Merideño. Profesor (jubilado) Universidad de Los Andes. Investigador en el ámbito de movimientos sociales y organización de la sociedad civil en AL, y del Pensamiento Sistémico Interpretativo. Promotor del conocimiento libre.

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