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[CONTRATIEMPO] La salida: ¿A dónde nos quieren llevar?

La ingenuidad como contratiempo

“Consiguió su pareja con un amante en el sofá,
botaron el sofá y fueron felices..los tres”
(Leído alguna vez..)

Se desdibuja en la memoria colectiva aquella frase con la cual Leopoldo López, dirigente de la derecha venezolana, declaró la guerra total contra el gobierno junto con la Sra. Machado. Se denominó “la salida”. En aquel tiempo, muchos aceptamos que se trataba de la puesta en escena para salir del gobierno electo en el año 2013 una vez que había muerto el líder fundamental de un proceso transformador de la sociedad venezolana: Hugo Chávez. Nos equivocamos al entender la salida de ese modo. Lo que ha ocurrido ha develado las miserias que son propias del poder como ambición y como espacio de vida para algunos. Hacer memoria debería ayudarnos a entender aquello que nos desborda a ratos en la cotidianidad que se vive en los venezolanos y ya no sólo en Venezuela: la cotidiana derrota de la memoria.

    La “salida” en realidad fue el anuncio del agotamiento de las formas y modos que habían sido maquillados por la derecha desde siempre. Basta recordar el maquillaje perfecto que hicieron con la llamada lista Tascón, que fue quizás uno de los primeros actos de ingenuidad de una población que se identifica más con sus verdugos y jefes que con sus pares y compañeras. Aquella lista la recopiló Sumate (la plataforma que elevó a la Sra. Machado a persona técnicamente capaz para construir una base de datos de contrarios al gobierno de Chávez, ¿lo recuerdan? Esos datos tan valiosos para cada persona se convirtió en el arma de doble filo que cortaba cabezas y empujaba al inevitable chantaje a cualquiera que la tuviera). Esta ingenuidad, la pagaron caro y mal muchos venezolanos que creyeron en las “intenciones transparentes de Súmate”.

    La salida supuso la subversión del orden nacional por todos los medios posibles (legales o no, por eso sería subversiva). Pero aquella salida empujó la “otra salida”, la menos evidente y la que nunca se hizo pública: La salida de cuadros de conducción del gobierno nacional por disidencias y diferencias manifiestas: fue la aparición de fracciones en la tolda del PSUV y en la conducción del poder político formal y real. Nótese que no se habla de fractura en el Chavismo, porque esencialmente el Chavismo ha mutado de ser una fuerza en el poder a convertirse en una suerte de “identidad política”. Mucho se ha escrito sobre este tema y ya hay incluso algunos atisbos que nos sugieren que falta tiempo histórico para poder entender bien lo que es eso. La urgencia por calificarlo como peste o religión sólo muestran el miedo de quienes quisieran controlar la identidad política que allí se construye. Pero, volvamos a la salida.

   La salida, que ya no es del gobierno presidido por Nicolás, sino por las huestes que andaban ocultas en el campo de la lucha por el poder se ha venido consolidando como un carnaval de miserias, de insuficiencias en la estrategia política, de miopía ante la historia y lo más terrible: la conveniente compra-venta de los activos de la sociedad venezolana por las facciones que en nombre de Venezuela parecen empeñadas en sembrar la miseria para poder gobernar a una sociedad que se hizo indómita.

    Del gobierno han salido los esfuerzos por ocultar con mentiras los errores y la falta de liderazgo. Más aún, se ocultan los enormes boquetes que hay en la fronteras para sostener el  mejor negocio del continente: contrabandear productos legales como el combustible y la comida. Sólo con la imposibilidad de detener esa sangría y la prueba evidente del fracaso de las políticas para hacerlo, tendríamos que afirmar que salieron los neo ricos de los espacios abandonados de la conducción política y de la garantía de la seguridad del territorio. El “arco minero” sigue siendo quizás el estandarte vergonzoso sobre el cual el gobierno poco dice, salvo para hablarnos de una minería ecológica que huele a cianuro. Es la “salida” de los negocios sucios bajo la vista gorda del gobierno. Acá, la ingenuidad de parte de la población que decide olvidar los planes de un censo vehicular, de una gasolina a precio internacional, de un mecanismo que cortara la sangría, luce a ratos demasiado obvia para llamarla ingenuidad y más revelaría servilismo. Hay un atenuante, sin embargo. El pueblo parece “olvidar” aquello porque definitivamente en esta estampida o la salida de los monstruos hay otros que son más terribles y poderosos.

   Los monstruos que vienen con imposiciones desde fuera apuntan al quiebre del gobierno con la urgencia de quebrar económicamente a la nación más rica de recursos naturales que hay en la cuenca del Caribe (no es poco eso, porque es además, estratégicamente, la nueva yugular del sistema energético mundial). El Sr. Guaidó, es la más reciente prueba de la impúdica y pobre propuesta que se hace a los venezolanos por construir una alternativa política creíble. Quienes han decidido creer lo hacen por un acto de fe y no de razón política. Por un acto de desespero y no por un acto de reflexión. Sería inútil abundar en detalles. Lo que queremos hacer evidente es que en su desespero han dejado abierto un espacio enorme para que una oposición política firme y serena pueda hacer espacio para las tareas que parecen imprescindibles en el tiempo que le corresponde ahora a Venezuela.

    Hay múltiples razones para reconocer el asedio y el ataque feroz contra el gobierno. Pero esa no es excusa para que no cumpla con sus obligaciones fundamentales. De ser así, el gobierno no es suficiente y debería ser evaluado de acuerdo a esas consideraciones. El gobierno es expedito para poner presos a los “suyos” y lento en hacerlo con sus “oponentes”. Flaco favor a la lealtad. La oposición que se hizo del poder político de la AN dejó salir de su cauce la diferencia para convertirla en venganza y revanchismo que le lleva incluso a pactar con enemigos no sólo del estado venezolano sino con la propia idea de estado y que apunta a la fractura del estado nación en territorios que sin la figura del estado serán objeto de depredación brutal por las grandes trasnacionales. Es una facción que vendió su condición política. Con ella, no hay salida posible.

   Pero se está gestando una “otra salida”. Una salida propuesta hace meses atrás: resolver la diferencia apelando al juez natural de la diferencia política según el estatuto constitucional venezolano. Si la soberanía reside en el pueblo: ¿Por qué no preguntarle al pueblo? ¿Qué tanto de protagonismo se secuestra, cuando de la noche a la mañana los diputados afectos al ejecutivo vuelven a la AN? ¿Qué queda en pie de una ANC, que convocada en medio de urgencias, controversias y contradicciones, pudo frenar la guerra civil anunciada?

   ¿Adónde nos quieren llevar? La pregunta no es sólo de cautela sino además, anclada en la brutal contradicción de ser protagonistas mudos de un discurso donde triunfa quien más grita. La ingenuidad que ellos apuestan como su salvación, se va apartando para abrir el paso a la indiferencia en algunos y el prudente distanciamiento de muchos. Entre estos muchos, cada vez se van sumando más quienes convencidos de una sociedad más justa sienten que ellos no serán no sólo protagonistas sino que se van sumando paulatinamente, al objeto que se negocia. Esto sería esencialmente, la negación de la identidad política inspirada en Chávez. Algo parece estar haciéndose claro en el horizonte, el chavismo hace rato que no está en Miraflores y la oposición hace años que abandonó a Venezuela.

    Las tareas para la nueva oposición que ahora se gesta es completar una tarea que el PSUV y el gobierno no han podido completar: reconocer la impronta de una nueva identidad política que se encarna desde Chávez. Ese reconocimiento es aún más urgente cuando vemos a la derecha jugar al para estado como terapia de shock y de miedo para los venezolanos. Asegurar que el estado venezolano vuelva al equilibrio de los poderes y, finalmente, la tarea de devolver las fuerzas armadas venezolanas al espacio natural de sus responsabilidades para ponerla a salvo incluso de sus propios monstruos. Es casi pedir un imposible, pero así es la dimensión de la tarea de gobernar a lo que viene resultando ahora, el verdadero “Dorado” del siglo XXI.

Emergencia: La emergencia del cambio climático nos demanda tanto en términos de civilización que es posible que nada hagamos. Parece que esta civilización de tanto poder se hizo idiota.

A tiempo: Nada más terrible para el imperio descubrirse hecho de mentiras y oropel.

Allende: Decir que venezolanos muy educados en Buenos Aires piden la intervención de fuerzas foráneas en su país, prueba que quien lo dice no sabe de educación; que las formas no miden la sabiduría y que usar la condición de venezolano para despreciar su propio gentilicio prueba que mucho podrán saber pero poco son.

Sobre el autor

Merideño. Profesor (jubilado) Universidad de Los Andes. Investigador en el ámbito de movimientos sociales y organización de la sociedad civil en AL, y del Pensamiento Sistémico Interpretativo. Promotor del conocimiento libre.

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