EscritaAnálisis y OpiniónNacionalAutocríticaComunicaciónGestión de GobiernoDestacado

[OPINIÓN] Me llamaron traidor

me llamaron traidor

Por Ernesto Rojas Ondanaran

20/09/2020

Soy un humilde militante de la revolución, militante del poder popular, de los movimientos sociales, adscrito al partido del gobierno aunque no hago vida política en él. 

He recorrido la tierra de Bolívar y Chávez de norte a sur y de este a oeste. Hice vida con campesinos y pescadores, con jubilados y estudiantes, con mujeres y hombres trabajadoras del barrio que realmente me convencieron de que otro mundo es posible. Ese torrente de energía es hoy el pálpito y el motor de mi vida.

Fui agredido, vejado, e insultado innumerables veces. La primera vez la recuerdo con claridad, incluso con gracia, fue un mayo del 2007, cuando dos ancianas me señalaron de “chavista de mierda” por una gorra con estrella roja que portaba.

Fui amenazado cada vez que la derecha golpista pitiyanqui trancaba las calles para convertirlas en ríos de sangre, y salíamos junto a los vecinos a liberar las calles para que el pueblo pudiera transitar por ellas en paz y armonía. Me tocó limpiar charcos de sangre de camaradas que habían sido degollados por las guayas de la muerte.

Pero el orgullo de ser parte del proyecto del comandante Chávez lo mitigaba todo, no había temor, la conciencia bastaba para superar cualquier escollo que se presentaba. Era Chávez, Soy Chávez, y eso bastaba, incluso para ofrecer mi vida por cumplir el sueño del eterno comandante, que sigue siendo el mío y el de muchas más.

Hace un par de semanas, compartiendo entre camaradas, salieron muchos temas que hoy generan controversia dentro del movimiento chavista. Todos estábamos claros del atroz ataque que estábamos sufriendo desde el imperio y las consecuencias que éstas generaban en la población, todo eran acuerdos, saludos y puños en alto. Parecía que no había dudas ni diferencias en la lectura sobre la situación que vivíamos. La lectura que compartíamos era unánime.

Pero entre la algarabía ideológica y algún que otro trago de miche, una compañera inconforme y con necesidad de respuestas, asumió el papel de “diabla” (siempre tan necesario) y comentó: “Todo esto está bien, pero ¿cuál es su opinión sobre las medidas que adopta el gobierno ante el asedio y las condiciones inhumanas que le está tocando sufrir al pueblo? ¡El pueblo resiste! Pero ¿en qué condiciones? ¿Resiste la dirigencia en las mismas condiciones? ¿Qué piensan de eso?

Las expresiones y los rostros entre los camaradas comenzaron a cambiar, se entrecruzaban algunas miradas con otras buscando complicidad y observando con una dosis de incomodidad a la “diabla” que había osado romper aquella “armonía ideológica” y proponía temas que atragantaban algún trago que otro.

Yo me mantenía en silencio, esperando que alguno de nosotros se animara a hablar sin temor, con naturalidad, como el comandante Chávez nos encomendaba a la batalla de ideas, a formarnos, a estudiar, a la crítica, a la autocrítica, pero la respuesta a esas inquietudes planteadas, resultó el silencio.

Mientras transcurría el tiempo, a mí me rondaba una frase que la había leído en un texto de Eduardo Galeano.

Pero en esa, la compañera volvió a romper el silencio sepulcral con una pregunta directa: “¿Qué les parece la dolarización que sufrimos?  (Silencio) ¿Qué les parece la política de control de precios?”.

Las miradas se traducían en aquel “por qué no te callas” que le espetó un día el ladrón y hoy fugitivo rey emérito de los españoles Don Juan Carlos de Borbón a nuestro comandante eterno en una cumbre de Las Américas.

Pero la camarada no estaba por desistir, y las ansias de obtener respuestas y su inconformismo, la llevaron a sacar su “AK47” y comienza a disparar interrogantes a mansalva:

¿Qué piensan de la continua alza de precios? ¿Qué piensan de los salarios? ¿Qué piensan de las condiciones laborales de la clase trabajadora? ¿Qué piensan de las privatizaciones? ¿Qué piensan sobre el despojo de tierras a campesinos en favor de los latifundistas? ¿Qué piensan de los asesinatos de campesinos? ¿Son las cajas CLAP y los bonos suficientes para resistir la arremetida imperial? ¿Qué hay del agua, de la luz, del gas? ¿Qué hay del continuo bachaqueo? ¿Cómo es posible que mientras el pueblo pasa penuria, haya gente dentro y fuera del gobierno enriqueciéndose? ¿Qué piensan del desalojo de inquilinos? ¿Qué piensan de la corrupción y el burocratismo en las instituciones del estado? ¿Qué piensan de los desalojos de las residencias estudiantiles? ¿Qué piensan del negocio de la gasolina en dólares?

Interrogantes que cambiaban paulatinamente los rostros de camaradería en rostros de odio.

El AK47 no descansaba en su afán de respuestas.

¿Qué piensan sobre intervenir partidos políticos desde el TSJ? ¿Qué piensan sobre el actuar de las FAES? ¿Qué les parece la absolución de los que nos han estado matando durante años mientras mantienen presos a camaradas chavistas? ¿Qué les parece las negociaciones que se traen con el enemigo histórico en aras de una ‘reconciliación’ en el país? ¿Qué les parece esa actitud pedigüeña hacia la Unión Europea y la ONU pensando que con ese buen corazoncito que deben de tener en algún rinconcito de su anatomía, nos tengan que dar permiso para poder celebrar nuestras propias elecciones? ¿Qué piensan sobre el señalamiento y la criminalización de toda voz crítica?… mientras sobresalía el humo del recalentado cañón del fusil.

Y  finiquitó con rotundidad, ¿esto les enseñó el comandante Chávez? Al menos a mí, NO.

El único que trató de responder de forma titubeante, exclamaba que Nicolás no la tenía fácil, que eran tiempos difíciles, que el imperio estaba al acecho y que había que ¡resistir! Que todo iba a mejorar, que tocaba confiar en el gobierno y en el partido, que íbamos firmes rumbo al socialismo  y que eso requería de repliegues tácticos para poder seguir avanzando, que eso requería tiempo, que el rumbo no iba a cambiar, que el objetivo seguía siendo el socialismo, el legado de Chávez. En ninguna de sus palabras se apreciaban argumentos, aportes ideológicos, parecían frases sacadas de alguna alocución televisiva que se le había quedado grabada en su mente. Pero al menos el compañero tuvo la osadía de expresarse desde su libre opinión, con buena intención y sobre todocon humildad. Respetable y admirable por su parte.

Yo asentí a las preocupaciones e interrogantes de la camarada. Tienes razón le dije, son tiempos de fortalecer la organización popular, son tiempos de UNIDAD desde el poder popular, de remoralizar a ese pueblo chavista que jamás se arrodillará ante el enemigo venga de donde venga, y jamás traicionará el sueño de nuestro comandante.

No podemos permitir que esto caiga de ninguna de las formas. Hay que volver a organizarse desde abajo, desde las bases, crear nuevos cuadros, plantear la batalla de ideas, crear puentes, volver a la organización popular en todos sus frentes y enfocarnos en aquel llamado de “Gobernar obedeciendo” que tanto clamó el comandante. Hay que dejar las viejas prácticas políticas, crear nuevos cuadros, crear ilusión y recuperar el entusiasmo de lucha.

La pregunta es ¿Está el actual gobierno obedeciendo al pueblo?

Mientras tanto, uno de los camaradas, cabizbajo y sembrado de dudas, asentía la cabeza como queriendo asumir sus propias contradicciones, así como nosotros tratábamos de asumir las nuestras. Eran miradas perdidas, dudas los que rondaban el ambiente.

Pero para sorpresa de todos y todas, los dos que apenas habían citado palabra, y mirándonos con expresión de odio finalmente optaron por expresar un : “¡LEALES SIEMPRE, TRAIDORES NUNCA!” con furia.

Algo lamentable que últimamente se repite incesantemente en muchos espacios y sobre todo en muchos medios de comunicación con total ligereza hacia el que expresa duda o disiente de ciertas políticas del gobierno.

No sé si seamos conscientes o no, pero con esta actitud, es odio, intolerancia y silencio la semilla que estamos sembrando.

¿Este es el modo de crear UNIDAD? ¿Realmente creemos que este es el camino? ¿Estamos dispuestos a asumir las consecuencias?

Pasado el momento de tensión y cuando cada uno de nosotros agarró su camino, me volvió a la mente la frase que por un instante en medio de la balacera de la AK47 de mi compañera, pasó por mi mente…

*“Libres son los que crean, no copian, y libres son quienes piensan, no obedecen. Enseñar, es enseñar a dudar”*

*Eduardo Galeano.*

Sobre el autor

Comenta aqui