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[MEMORIA LIBRE] Una Mirada Amorosa a la Situación del País

“Dios posa su mirada amorosa sobre cada uno de nosotros” (Papa Francisco2)

“Aunque todos estén asustados por la noche y su oscuridad,
solo podrás ver las estrellas a esas horas.
Mientras más oscuro el cielo, más brillan las luces”3

No parece fácil. Si algo se percibe fácilmente en esta época en Venezuela es la rabia y la angustia por todo lo que nos ocurre. Permítan invocar el espíritu de la Navidad y del nuevo año para que nos ayude a nadar en contra de esa corriente y a hacer un relato sucinto de lo bueno en medio de lo malo. Desde luego, no lo cubriremos todo. Son apenas unas interpretaciones alternativas en cuatro o cinco elementos de la situación. Nuestra intención es ejercitar ese músculo que nos permite ver las buenas lecciones en medio de las tribulaciones. Músculo atrofiado por esa insistencia en otorgar peso a lo negativo antes que a lo positivo y por el recurso simplista de prejuiciarnos contra alguien y, luego, contra todo lo que haga o diga. Ojalá, algún día, aprendamos a ver lo bueno que surge del o a pesar del sufrimiento.

La hiperinflación es una inflación acelerada. Los precios cambian con mayor frecuencia y en porcentajes enormes. Como si a la habitual velocidad de cambio de los precios, que sería la inflación, se le añade una velocidad de cambio del cambio, una transformación de segundo orden similar a una aceleración, que convierte a la variable “precio de” en una función exponencial del tiempo. Así, la hiperinflación es una agitación máxima que suele agotar el combustible que la alimenta, en poco tiempo. Que la nuestra esté llegando tan lejos indica que hay combustible para alimentarla.

La inflación, por otro lado, tiene una lectura que suele pasar desapercibida y que será buena noticia para muchos: Cada quien fija los precios que quiere a los productos que vende, incluso, ignorando acuerdos que pudieron haberle sido impuestos. Si hay inflación, la regulación no sirve. Eso no es una buena noticia para quienes creen que sí existen los comerciantes que abusan. Pero lo es, tiene que serlo, para quienes demandan libertad.

Nos vamos a atrever a ir más lejos con las buenas noticias acerca de la inflación: creemos que es un método, no inventado pero sí perfeccionado en Venezuela (desde antes de la República Bolivariana), para distribuir la renta del petróleo. No es muy democrático, pero es bastante si se considera que está al alcance de cualquiera con algún dinero base y algunas conexiones con prestamistas en este país. En un ejercicio académico, reportado antes, hicimos esta caracterización de un país inflacionario:

“Un país inflacionario es un buen lugar para endeudarse. La inflación devora los ahorros, pero también las deudas, en el corto plazo. Una cantidad depositada gana intereses que suelen ser menores que el ritmo de la inflación, con lo cual el saldo neto es pérdida. Por esa razón, es preferible no acumular dinero sino bienes materiales o deudas. El ritmo inflacionario hará que, en mediano plazo, el ingreso sea ajustado. Por lo tanto, cualquier deuda pendiente se volverá despreciable”. Graficamente:

Si hay inflación entonces desaparecen los ahorros.
Si desaparecen los ahorros entonces compras pronto y adquieres deudas.
Si hay deudas e inflación entonces hay ajuste de ingreso.
Si hay ajuste de ingreso entonces desaparecen las deudas.
__________________________________________
Si hay inflación entonces desaparecen las deudas.

Quizás no sea un sistema sostenible. Hasta donde sabemos, tampoco es buena economía. Pero es una buena noticia si nos agobia la inflación. Al final todas las deudas se pagan.

La escasez es una condición muy seria que apenas al anunciarse suele disparar los precios de los artículos (que van a ser) escasos. Pero nadie hablaría de escasez cuando los artículos todavía se consiguen, incluso si vienen a precios muy elevados. Tampoco se hablaría de escasez si los artículos aparecen fugazmente a bajo precio, desaparecen y luego reaparecen para ser revendidos fuera de toda regulación. Entonces, realmente, no hay escasez.

La escasez de medicinas e insumos médicos, por otra parte, configura un escenario muy diferente. Los precios de referencia de los medicamentos para condiciones especiales y enfermedades crónicas se fijan globalmente en divisas pues, normalmente, son vendidos desde el primer mundo. Esto hace que sea imposible adquirirlos, incluso si se los consigue. Pero Venezuela tiene previsiones constitucionales para garantizar las medicinas “Artículo 84. Para garantizar el derecho a la salud, el Estado creará, ejercerá la rectoría y gestionará un sistema público nacional de salud, de carácter intersectorial, descentralizado y participativo, integrado al sistema de seguridad social, regido por los principios de gratuidad, universalidad, integralidad, equidad, integración social y solidaridad. El sistema público nacional de salud dará prioridad a la promoción de la salud y a la prevención de las enfermedades, garantizando tratamiento oportuno y rehabilitación de calidad [..]”. Obviamente, muchas de las instituciones de turno no lo están cumpliendo. Pero es un derecho que podemos seguir reclamando.

De hecho, hay buenas noticias médicas que tienen sabor a ironía. La gran y salvaje cola de la farmacia de alto costo del Seguro Social se acabó. Ya no se hace tal cola. Uno puede ir cualquier mañana a preguntar si ha llegado su medicamento y será atendido en pocos minutos; para decirle que no ha llegado nada, claro. Que debe pasar en una semana “a ver si llegó la remesa”. Es frustante. Pero menos que sufrirlo con la cola.

Chiste aparte, la situación de muchos hospitales es realmente extrema. Sin embargo, incluso allí hay buenas noticias (sin ironía). Permitan un ejemplo: Un mecánico, trabajador independiente, se estrella en su moto mientras hacia diligencias. Tiene múltiples fracturas. No tiene seguro. Los ahorros de toda su familia ampliada no alcanzan para cubrir el costo de una operación privada para reparar sus huesos. Tiene que ir al hospital público más cercano, en este caso un hospital universitario. Allí lo recibe, en un primer intento, un médico muy hostil: “Mejor lléveselo señora, porque aquí no hay nada”, le espeta a la esposa angustiada. Parecer ser la forma más eficiente (pero no muy amable) de referir a un paciente a una clínica privada. Pero realmente el dinero de la familia entera no alcanza, así que hay que insistir con el hospital. Finalmente lo reciben y luego de examinar su delicada condición programan una operación correctiva. Pero, además de los costos de las piezas traumatológicas, que la zafra familiar apenas logra reunir, como a cualquier otro paciente de operación, este paciente debe reunir el kit del quirófano: Una lista con 32 items de materiales quirúrgicos, además del anestésico que puede ser una ampolla de rocuronio de 50 mg que requiere manejo cuidadoso. “SÍ, debe contar con TODOS, absolutamente todos los mencionados en la lista para poder ser intervenido” se puede leer claramente en el encabezado en medio de otras instrucciones (las mayúsculas son del texto original). La lista llega con otro dato importante del procedimiento: El mecánico está de noveno en la lista de acceso al quirófano. Pero, como dice el kit, solo entran al quirófano quienes tienen TODOS los requisitos. Así que es como una competencia por las 5 o 6 operaciones que caben en la semana. ¿Pueden imaginar Uds a cada familia pujando para reunir los 33 items, pidiendo ayuda a todos sus conocidos en la misma ciudad?.

La buena noticia es que lo logran. En este caso, en la misma ciudad y con la ayuda de personas y organizaciones generosas (como la Fundación EVUPAM) todos los 9 de la lista lograron reunir TODOS los requisitos en un par de días. El mecánico sufrió por tener que esperar, con todo y el kit, así que no fue muy buena noticia para él. Pero mirando este ejemplo desde lejos, uno puede especular que entre todos podemos conseguir y costear los suministros médicos.

Hay más noticias y son buenas porque son lecciones. Si tenemos hospitales públicos con médic@s y enfermer@s competentes (aunque algunos sean muy gruñones y muy poco atentos), tenemos ciudadan@s que pueden proveer los suministros médicos y tenemos instalaciones medianamente funcionales, ¿Qué está fallando?: Falla la organización. Sabemos lo que hay que hacer (es un hospital universitario).

En resumen, tenemos una hiperinflación alimentada por cierto bien que no tenemos muy claro, pero que abunda. La inflación es un grito de libertad y un mecanismo para distribuir la renta petrolera, más allá de las límites que imponen los grupos políticos de turno y más acá de que uno crea o no que es una forma democrática de gritar libertad o de distribuir renta. Las escaseces son de naturaleza diversa, algunas sospechosas y otras constituyen violaciones claras a derechos tipificados. Finalmente, aunque seguimos teniendo grandes problemas para la organización de la acción colectiva, para quienes quieren y pueden verlo, sigue acumulándose evidencia de que, entre todos, nos cuidamos mejor.

¿Todo lo demás? Sigue allí. Duele. Quizás cada quien quiera intentar este ejercicio interpretativo que trata de mirar cada elemento, con cuidado, antes del juicio. Es la mirada amorosa. Después de todo, así como las criaturas que vienen al mundo, las buenas noticias seguirán llegando.

1 Fotografía: https://www.flickr.com/photos/jroldenettel/3344443347/in/set-72157604829934593

2https://twitter.com/pontifex_es/status/880025492203728896

3https://archiveofourown.org/works/9344573?view_full_work=true Adventures of the Black Cat, Sakuma (Inglés)

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