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[OPINIÓN] Apagón electrico + apagón económico: implicaciones, riesgos y oportunidades (I).

Luis Salas Rodríguez/15yÚltimo

Nota previa: el siguiente texto es la primera parte de unas reflexiones sobre el tema electrico basadas en la coyuntura actual pero surgidas en el marco de una investigación que sobre el tema veníamos haciendo desde el año pasado. A efecto prácticos, dividimos estas reflexiones en dos partes: esta primera donde en líneas generales abordamos el contexto actual y su significado político pero sobre todo económico. Y una segunda, sobre la manera cómo llegamos a esta situación pero también y sobre todo cómo podríamos salir.

El planteamiento a este último respecto es que recuperar el Sistema Electrico Nacional no solo es una urgencia en sí misma, sino una condición de posibilidad necesaria pero no tomada debidamente en cuenta para la recuperación económica. Y esto es importante tenerlo presente, pues pese a lo delicado de la coyuntura esa misma recuperación tiene potencial suficiente para generar los efectos multiplicadores necesarios y apalancar la recuperación económica como un todo, en especial si se le integra con el resto del sector energético.  El tema es que para ello debe superarse la visión cortoplacista y reactiva pero espasmódica del gobierno sobre estos temas, en no poca medida por lo demás imbuida de una suerte de “dejad haced dejad pasad” en buena parte responsable de que las cosas llegen al punto que han llegado.

Al momento de publicarse esta nota se anunció cambio de ministro en el área, lo que se acompaña de la reactivación del ministerio de Ciencia y Tecnología y creación de un “Estado Mayor Electrico” encabezado por la Vicepresidenta y el Ministro del Interior. Como es sabido, los nuevos ministro nombrados vienen del sector donde han ejercido como Viceministro y presidentes de Institutos. Sobre ambos existen grandes expectativas y buenas referencias. Esperamos estos nombramientos sean para bien y contribuyan a superar esta visión estrecha.

El pasado 11 de marzo, a propósito del mega-apagón del jueves 07, recuperamos algunas reflexiones hechas en octubre de 2018 sobre el estado del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Entre otras, resaltamos su extremo nivel de vulnerabilidad tanto frente a factores climáticos adversos (sequías) como a sabotajes, pero también a problemas operacionales sobrevenidos dada la desatención del sector.

Aunque las motivaciones de dicha editorial del 11 de marzo no fueron exactamente las mismas que el de las reflexiones de octubre, valga decir que el contexto de estas últimas era parecido y de hecho presagiaba lo ocurrido ahora: y es que en aquella ocasión publicamos por adelantado resultados parciales de la investigación sobre el SEN que veníamos haciendo a propósito del tema económico y particularmente de la promoción por parte del gobierno de la minería de cripto-monedas, partiendo de la hipótesis de que la alta demanda de consumo de energía electrica que requiere esta actividad sería un serio factor de perturbación nuevo para el ya de por sí no óptimo funcionamiento del SEN. El adelanto se produjo en razón de que, en medio de un acto del presidente Maduro donde se anunciaba el lanzamiento de un plan estratégico de desarrollo económico por regiones en el marco de la llamada Venezuela Productiva y el Plan de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad lanzado en agosto de 2018, ocurrió un corte masivo de luz a nivel nacional, por lo que consideramos pertinente hacer publicos los resultados con la esperanza de que sirvieran como alerta necesaria ante lo que ya veíamos como problema a venir.

Nuestra conclusión de aquel entonces, además de lo dicho sobre la vulnerabilidad del SEN, fue que las pretensiones contempladas tanto en el mencionado Plan de Desarrollo Regional como también y sobre todo en el Plan de Recuperación lanzado en agosto, chocaban con una realidad que al parecer nadie estaba tomando en cuenta: que en la medida en que no se recuperara el SEN no será posible recuperarse, crecer y mucho menos prosperar económicamente hablando, pues para todo eso hace falta electricidad y mucha.

Y ahora henos aquí, cinco meses y al menos cuatro apagones nacionales de dimensiones nunca vistas después, padeciendo la complicación de lo que ya era complicado: tras el ataque sufrido por el SEN el 07 de marzo éste se ha vuelto más vulnerable, pero además, la recurrencia de otros ataques y las secuelas derivadas de los mismos ya no solo ponen en entredicho la posibilidad de crecer, si no que se convierte en un “nuevo” y poderoso elemento de agudización de la crisis económica y política. Ya el domingo 31 de marzo, mientras nos encontrábamos escribiendo esta nota el presidente Maduro anunció un período de racionamiento eléctrico de al menos un mes. 

¿Una trampa perfecta?

Sin duda alguna, pudiéramos decir que en estos momentos nos encontramos en medio de una peligrosísima trampa: de un lado, tenemos el bloqueo económico financiero y todo el conjunto de medidas coercitivas ilegítimas y unilaterales, que buscan ahorcar desde lo externo al país; mientras por otro, los efectos metabilizados de la guerra económica, agravados por la política anti-inflacionaria y de estabilización cambiaria aplicada por el gobierno y el BCV, cuya lógica consiste en someter la economía a un shock contractivo que puede entenderse como una suerte de lobotomía monetaria, en el sentido que procura “calmar” los síntomas de la esquizofrenia de precios y cambiaria pero al costo de mantener a la economía en estado cuasi catatónico. Pero adicional a todo ello, y como si fuera poco, ahora tenemos que vérnosla con la utilización criminal del saboteo al SEN como arma de guerra, utilización que se facilita como ya se dijo por el estado en que se dejó involucionar al SEN.

Para que se tenga una idea de lo que esto puede llegar a significar, más allá de los efectos de malestar político y social inmediatos a partir de los cuales el oposicionismo incita episodios de violencia y guerra de manera abierta y descarada, tengamos presente que estos actos de sabotaje son equivalentes –que no iguales- a los del sabotaje petrolero de diciembre de 2002 y marzo de 2003. Desde el punto de vista económico y social, aquel sabotaje tuvo un impacto muy profundo, que hizo retroceder todos los indicadores y de hecho causó una contracción de 27% del PIB para el primer trimestre del año 2003, hasta la fecha, la más severa registrada para un trimestre, lo que a la larga contribuyó para una caída de la economía de 9% para 2002 y de casi 8% para 2003. Según diversas estimaciones, entre ellas la nuestra, desde 2013 hasta 2018, la contracción del PIB ronda el 50%, de los cuales el año más severo fue 2016 (-16,5%), cuando enfrentamos precisamente un racionamiento de electricidad y agua debido a la sequía, lo que junto a la caída de los precios del petróleo explica la severa contracción. Hoy día, el tema no son los precios del petróleo si no de la producción y el bloque económico financiero, pero además, tenemos que tomar en cuenta que la economía ya viene en caída libre atrapada en un espiral de hiperinflación con contracción. De seguir siendo este el caso, y ateniéndonos al hecho de que durante este primer trimestre de este año entre los intentos de golpe de estado y ahora el sabotaje eléctrico la actividad económica ha estado virtualmente paralizada, las proyecciones para finales de año son realmente alarmantes, en la medida en que la contracción pudiera en el menos malo de los casos ser equivalente a la de 2016

¿Sabotaje o desidia?

Aunque eso solo podrá determinarlo una investigación concluyente por parte de las autoridades, todo los indicios dan a concluir que los sucesos desencadenados a partir del 07 de marzo se deben a un sabotaje del que fue víctima el SEN ese día

Nuestra explicación ya la expusimos: y es que pese a ser en líneas generales ciertas las denuncias sobre los problemas operativos del SEN, desde el punto de vista técnico, no es factible que una caída con la magnitud de la ocurrida aquel día y los posteriores se deba a un colapso del SEN provocado por falta de mantenimiento.

A este respecto, algunos alegan ahora que las posteriores caídas son muestra de que el SEN no fue saboteado sino que colapsó. Pero esto parece más bien evidencia de lo contrario, pues si estuviéramos ante un colapso, en sentido estricto, el SEN no podría haber sido recuperado luego de ese día, cosa que ha ocurrido no una si no varias veces ya.

Desde este punto de vista, nuestra hipótesis es que quienes planificaron el sabotaje al SEN son conscientes de su vulnerabilidad. Y en este punto hay que señalar que la principal debilidad del SEN es que en la actualidad se trata de un sistema que viene operando soportado casi en su totalidad sobre la generación emanada de Guri, por la particular razón de que las capacidades regionales de generación en gran medida están inoperativas.

Hablando porcentualmente, según nuestra investigación, a octubre del año pasado, más o menos el 75% de la demanda del país se cubría desde Guri. Y esto tranquilamente en los actuales momentos puede ser más, tanto que, de hecho, en varias declaraciones oficiales y oficiosas se ha llegado a decir que es al menos el 80%.

En condiciones normales, esta proporción debería ser inversa, en la medida que al menos un 60% del SEN debería reposar a estas alturas sobre la generación regional, tanto de las termoeléctricas como hidráulica (caso este último el de los andes donde encuentra la Uribante-Caparo) e incluso energía eólica, pues durante el gobierno del presidente Chávez se llegaron a hacer importantes inversiones en este frente dado el potencial de las zonas costeras del occidente del país, que es por cierto la región que más padece los déficits de energía. Si este estado óptimo fuese el caso, sabotear el SEN resultaría mucho más cuesta arriba. Y de la manera que se hizo el 07 de marzo prácticamente imposible, pues la posibilidad de ese sabotaje la proporciona el hecho de que casi todo el SEN reposa sobre una sola fuente de generación. Y por la misma razón, las posibilidades de recuperación y estabilización en el caso de ocurrir un sabotaje serían más expeditas, pues con unas cuantas maniobras unas regiones podrían suplir a otras o la energía de Guri desviarse predominante a un punto y a otros no, etc.

Por otra parte, no solo pasa que desde el punto de vista técnico ha quedado demostrado en estos días que dicha posibilidad es factible, siendo seguramente la mejor prueba que el mismísimo gobierno norteamericano acaba de aprobar un conjunto de medidas destinadas a protegerse de ataques de esa naturaleza vía impulso electromagnéticos, lo que deja en ridículo a quienes desecharon esta posibilidad. Si no también que existen declaraciones de voceros oposicionistas donde de manera explícita, pública y comunicacional, se reconoce que las caídas del SEN no cesarán hasta tanto el gobierno del presidente Maduro siga en ejercicio, lo que desde el punto de vista judicial es la confesión pública de un hecho punible, en este caso nada menos que terrorismo y ataques contra población civil en el marco de un conflicto político.

Y no menos importante: si algo ha quedado claro estos días con lo adelantado por las investigaciones de la fiscalía y los cuerpos policiales, es que el núcleo en torno a Guaidó y Leopoldo López no solo se caracteriza por su fascismo criminal y paramilitar, si no también por los métodos mafiosos a la hora de operar para satisfacer sus intereses económicos. Así las cosas, la detención de Juan Planchart ha dejado en evidencia los intereses de empresas e inversionistas del sector eléctrico a los cuales está relacionado incluso familiarmente. En tal virtud, al igual que pasa en el sector petrolero, la voluntad de destruir el SEN no solo debe estar pasando por los fines políticos manifiestos (derrocar al gobierno, etc.,) si no por los económicos, menos evidentes pero no del todo ocultos de hacerse corporativamente del sector vía privatizaciones a precio de gallina flaca, en un caso clásico de doctrina del shock tal como los ocurridos en Irak post-invasión o Rusia tras la caída de la URSS.

Por lo demás valga decir que el único “nuevo” en esta historia en realidad es Guaidó, porque que el resto, empezando por Leopoldo López y Julios Borges, ya formó parte activa del sabotaje petrolero en 2002-2003, donde PDVSA quedó afectada tanto a nivel informático como a nivel operativo instrumental-manual, lo que incluye destrozo de válvulas, obstrucción de oleoductos, tanques, barcos e inclusive pozos petrolero, lo que en más de un caso pudo haber causado tragedias, como de hecho era la intención cuando se amenazaba con hacer volar frente a las costas de Maracaibo el carguero Ex-Pilín León actual Negra Matea para evitar fuera tomado por las autoridades. Así que quien diga o piense que esta oposición no es capaz de hacer eso y más es porque simple y llanamente no toma en cuenta por conveniencia o ignorancia la historia reciente.

Por último: en un artículo de la revista Forbes que reproducimos en el editorial del 11 de marzo, nota escrita por un empresario informático norteamericano ligado a Yahoo, Google y el Foro Económico Mundial (es decir, para nada sospechable de “castro-chavismo”, “populismo” o “comunismo”) a propósito del debate sobre las causas del apagón del 07-M, se hacen algunos señalamientos que vale la pena repetir:

“En el caso de Venezuela, la idea de que un gobierno como los Estados Unidos interfiera de forma remota en su red eléctrica es en realidad bastante realista. Las operaciones cibernéticas remotas rara vez requieren una presencia en tierra significativa, lo que las convierte en la operación ideal de influencia denegable. Dada la preocupación del gobierno de los EE. UU, con el gobierno de Venezuela, es probable que los EE. UU ya tengan una presencia profunda dentro de la red nacional de infraestructura del país, lo que hace que sea relativamente sencillo interferir con las operaciones de la red. La infraestructura de internet y energía obsoleta del país presenta pocos desafíos formidables para tales operaciones y hace que sea relativamente fácil eliminar cualquier rastro de intervención extranjera.”

Y continúa:

“Los apagones generalizados de energía y conectividad como el que Venezuela experimentó son parte directa del moderno libro de jugadas cibernéticas. El poder de corte en la hora punta, asegurando un impacto máximo en la sociedad civil y un montón de imágenes post-apocalípticas mediagénicas, encaja perfectamente en el molde de una operación de influencia tradicional. El momento en que ocurra una interrupción de este tipo en un momento de agitación social de una manera que deslegitima al gobierno actual exactamente como un gobierno en espera se presenta como una alternativa lista es en realidad una de las tácticas que se describen en mi resumen de 2015.”

“(…) La mayoría de los países, incluidos los EE.UU. , han experimentado preocupaciones sobre su infraestructura de servicios públicos obsoleta y cada vez más sobrecargada. Una planta de energía que se apaga debido a un equipo defectuoso o una falla en la línea de transmisión sobrecargada, es más probable que se atribuya a una subinversión que a un ciberataque extranjero. Una línea eléctrica fallada que provoque un incendio forestal masivo se descartaría como un mantenimiento preventivo deficiente en lugar de un sabotaje extranjero deliberado.

Las operaciones de influencia están diseñadas para empujar silenciosamente a un país hacia un resultado particular. Las antiguas infraestructuras de servicios públicos ofrecen un vehículo perfecto para tales operaciones, ya que la culpa de las fallas de la red generalmente recae en los funcionarios del gobierno por no supervisar adecuadamente la infraestructura, incluso cuando es propiedad de empresas privadas y la mantienen. Los ataques cibernéticos contra las empresas de servicios públicos tienen la capacidad de alterar todas las facetas de la vida moderna y generar imágenes mediáticas sin un riesgo indebido para el país iniciador, lo que las convierte en un arma casi perfecta.”

Lo pertinente que estos comentarios es que de hecho describe muy bien buena parte del debate actual, donde tanto el apagón del 7-M como lo ocurrido posteriormente procura achacarse exclusiva y maniqueamente a problemas de mantenimiento e incapacidad de las autoridades, descartando per se y con argumentos en buena medida pueriles y claramente prejuiciados el sabotaje. Solo agregaría a los mismos los siguientes: contrario al sabotaje petrolero de 2002-2003, que fue reivindicado expresamente por la entonces Coordinadora Democrática (actual MUD) y que le supuso un enorme costo político, y contrario a otros sabotajes electricos hechos en países como Colombia o Perú por grupos guerrillero y paramilitares también de forma expresa (lo que en la mayoría de los casos incluyó voladura con explosivos), un sabotaje como el que se viene realizando al SEN necesariamente requiere no ser reinvidicado por nadie y hacer aparecer los malestares que genera como culpa del gobierno pues la idea es su deslegitimación. A mi modo de ver, las responsabilidades del gobierno son bastante claras en materías de mantenimiento y últimamente de vigilancia, por caso: la falla de seguridad épica que condujo a que, según se ha dicho, unos francotiradores atacaran Guri desde una colina a menos de 200 metros. Sin embargo, es evidente que la mayoría de los indicios apuntan al sabotaje.

En fin, dejemos esto hasta aquí por ahora y en la segunda parte de esta nota realizaremos una cronología del conjunto de cosas acciones y omisiones que han traído al SEN a su estado de vulnerabilidad actual, así como expondremos algunas pistas que nos pueden ayudar a voltear la tortilla y convertir esta crisis en una oportunidad beneficiosa para las mayorías y no para los grupitos de negociantes exógenos y endógenos.

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