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[OPINIÓN] Bolsonaro ¿Azar o consecuencia?

Aproximadamente en el año 200 a.C. el historiador griego Polibio acuñó el término “Oclocracia” refiriéndose con él, al gobierno de la muchedumbre, pero presentada ésta, como una voluntad viciada, confusa y hasta irracional y presentándolo como el peor de los sistemas políticos posibles. Más tarde Rousseau, la define como una degeneración de la democracia consecuencia de una desnaturalización de la voluntad general, la cual desaparece al encarnar los intereses de algunos y no de la población en general.

Es larga la travesía que ha tenido el vocablo hasta llegar, más o menos, a la que podría ser su acepción actual: Aquel sistema político en el cual las decisiones no las toma el pueblo sino la muchedumbre, la cual, abiertamente manipulada, decide sin información y responde ciegamente a los intereses de los operadores del sistema, y que se nutre por un lado de la ignorancia política de la muchedumbre y por el otro lado a las altas dosis de rencor que a través de los medios de comunicación se les convierte en formas culturales.

Y desde esta visión es evidente la diferencia abismal entre dos conceptos, “muchedumbre” y “pueblo”. El primero es la masa informe que carece de voluntad propia y hasta de principios y que responde esencialmente a los intereses, a veces hasta conscientemente, de los que desde el poder la conduce. El segundo, el vocablo pueblo, alude a ese sujeto colectivo, formado por el conjunto de los pobres hechos sujetos individuales en el sentido de que han asumido, de alguna manera, su condición de desposeídos, quizá no claramente todavía en calidad de explotados, pero sí de individuos claramente diferenciados de los no-pobres; paso previo, pero cercano a identificarse como clase antagónica a la propiedad y hacerse antagónica a la clase de los propietarios.

Surgen así dos preguntas, o más bien la misma hecha en direcciones contrarias: ¿Cuál es el proceso a través del cual una muchedumbre se hace pueblo? o ¿Qué tipo de errores se necesita cometer, para que un pueblo regrese a ser simple muchedumbre?

 Cuando se trata de mirar lo ocurrido en Brasil con la elección de Bolsonaro como presidente, no hay otro remedio que hacerse las dos preguntas. Cuando ocurre el aparente giro regresivo a la derecha del pueblo nuestramericano no queda otra que la necesidad imperativa de responder la segunda pregunta. Y no es un problema solo de identificar, señalar con el índice extendido, los errores del PT y sus malas decisiones de gobierno. Tenemos que reconocer que fueron muy malas, también, las decisiones cometidas, asumidas, desde otros lugares de la izquierda brasileña, situación que envuelve al MST y a los otros partidos y movimientos sociales brasileños. Pero es que tampoco es solo un asunto de la izquierda brasileña, porque ¿y los errores del resto de la izquierda nuestramericana?, y notemos que estamos hablando de la izquierda de verdad, pues existen otras, que pretenden ser izquierda y de las cuales da asco hablar. ¿Dónde han estado esas izquierdas, las verdaderas, mientras en Brasil se metía la pata?, o más bien ¿en qué han estado?

Realmente el futuro de Brasil es oscuro, Bolsonaro va a ser todo lo malo, para Brasil y para Nuestramérica, que le obligue a ser la tarea que se le ha asignado. Y tratará por todos los medios de sepultar, en primera instancia a la izquierda brasileña y a terminar de convertir todo el pueblo en muchedumbre, y luego tratará de sepultar todo aquello que le sea necesario sepultar. Brasil no es solo la nación con mayor territorio de Suramérica, es además su economía más grande y con mucho su más grande ejército.

No se puede en el breve y conciso espacio de este artículo responder la bipolar pregunta hecha antes. Pero es indispensable que los movimientos sociales que asumimos como tarea la participación en la construcción de pueblo, trabajemos en la dirección que nos permita hacerlo.Ninguno de los manuales traídos de ese pequeño lugar del mundo llamado Europa nos dará respuestas. Solo nuestra propia praxis podrá hacerlo.

Pero sin dudas, el camino comienza en reconocer que no es por la vía del reformismo, por muy social que éste sea, por donde se sale de la muchedumbre y se construye el pueblo. Y en Brasil, desde muy temprano con el gobierno del compañero Lula, el reformismo fue bastante más que una tentación, y hay que reiterar que no fue solo un asunto de Lula y su gobierno o de los errores de Dilma. Sería terrible verlo así, sería de alguna manera la anti-respuesta y pues ¿los demás?, y ¿todos los errores de todos los demás?

A veces parece que aquella frase, tan usada, del Che que no se puede construir el socialismo con las armas melladas que nos dejó el capitalismo, simplemente se la quiere solventar agarrando dichas armas, melladas, y sacándole filo nuevo, −pensemos en la “burguesía revolucionaria” por ejemplo o en el uso interesado y muy conveniente al poder del uso esloganístico de la frase “desarrollo de las fuerzas productivas− sin darnos cuenta, o pretendiendo no darnos cuenta, de que así, afiladas, cortarán mejor nuestro propio cuello. El Che sin duda, cuando habló de esas herramientas melladas no se refería para nada a su filo instrumental, se refería a su categoría de herramientas del capital que siempre estarán melladas ya, por mucho filo que tengan. Y el reformismo es, con mucho el arma más mellada que el poder pueda usar, pero la que tiene mejor filo.

Sin dudas, y la tarea es demostrarlo y combatirlo, Bolsonaro como representante del giro a la derecha de América, o más bien como evidencia del regreso de un muy importante sector de nuestro pueblo a la condición de muchedumbre, es resultado de la acción que el arma mellada del reformismo está haciendo sobre el cuello de Nuestramérica. No es de ninguna manera una victoria de la derecha, aunque lo sea, sino una derrota, sí ¡derrota!, de las direcciones de la izquierda que no termina de entender su papel en la historia. El asunto es que, o desde dentro del pueblo participa en hacer la revolución real, aquella que destruya el capital y sus disfraces y sin medias tintas, o tocará tan solo, ser el afilador de las armas melladas que luego nos cortará el cuello. No hay otro camino, ni en Brasil, ni en Venezuela, ni en ningún otro lugar.

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