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[OPINIÓN] Entre la hipótesis del sabotaje y la emergencia nacional: Tres días de batalla por la luz en Venezuela

Marco Teruggi.-

Ciudad fantasma, así parecía Caracas el sábado en la medianoche. El apagón era casi total, solo se mantenían con luces restaurantes de lujo abarrotados, algunas estaciones de servicio, farmacias, hoteles, y los pocos autos y motos circulando. Silencio y oscuridad, un escenario cinematográfico. Nuevamente el apagón y un elemento central: la ausencia de focos de violencia, y una muy pequeña presencia policial en puntos precisos.

En horas de la madrugada la luz volvió por zonas del país y la ciudad. En algunos puntos todavía no lo había hecho ayer en la tarde/noche, es decir que miles de personas quedaron en la oscuridad por más tres días, desde el jueves a las 17 horas, momento del apagón nacional que hizo ingresar a todo el país en un espacio-tiempo desconocido. 

No se suele tener conciencia de todo lo que depende de la energía eléctrica: comunicaciones, pagos, transportes terrestres y aéreos, sistemas de salud, horarios del día y la noche, agua, reservas de comida, la posibilidad de estudiar, trabajar. Un apagón total prolongado frena hasta casi detener a un país, sus empresas, instituciones, hogares, cotidianos, acerca a precipicios a medida que se prolonga, y eso, se sabe, genera reacciones.

Por eso fue clave la tranquilidad que se vivió dentro de un cuadro de estas características. Las imágenes de ayer en la mañana fueron de instalación de mercados de fruta y verdura, colas para cargar gasolina, conseguir agua, preocupaciones por familiares, actos de solidaridad, cotidianeidades en tiempos de asedio.

No resulta demasiado azaroso intuir que el objetivo del apagón era desencadenar un cuadro apocalíptico. “En el caso de Venezuela, la idea de que un gobierno como el de Estados Unidos intervenga a distancia contra la red de energía es bastante realista. Las operaciones cibernéticas a distancia rara vez demandan presencia significativa en el terreno, convirtiéndolas en operaciones de influencia ideales que no son reconocidas”, afirma un artículo publicado en la revista Forbes, preguntándose sobre la posibilidad de un cyber-ataque para explicar el apagón.

Agrega: “La obsolescencia del internet y la infraestructura energética del país presentan desafíos poco grandes para este tipo de operaciones, y hace relativamente sencillo borrar todo rastro de intervención extranjera (…) deslegitima al gobierno en curso en la misma dimensión en que el gobierno a la espera se presenta a sí mismo como real alternativa”. 

El sabotaje a la red eléctrica en esa magnitud puede ser enmarcado en la secuencia iniciada desde principios de año, donde algunos de los principales acontecimientos fueron: el no reconocimiento de Nicolás Maduro, la autoproclamación de Juan Guaidó, la reunión del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el 23 de febrero como fecha clave para el ingreso de ayuda humanitaria y la imposibilidad de lograr ese objetivo, nuevas reuniones de Naciones Unidas, regreso de Guaidó al país y el apagón. 

Luego del 23 ocurrió un desplazamiento discursivo: el repliegue de la amenaza de intervención militar por parte de Estados Unidos, que podría deberse, entre otras cosas, al impacto negativo que genera. El acto seguido fue el traslado a este escenario de apagón, donde el movimiento se desplegó en dos vértices: el hecho como tal, con todas sus consecuencias, y la interpretación, es decir la pelea por determinar las responsabilidades. En este punto la centralidad reside en la capacidad de convencer.   

Una de las enseñanzas que han dejado los últimos episodios, es la vulnerabilidad de la verdad ante la inmensa capacidad de posicionamiento de ideas que tiene la articulación entre grandes agencias y gobiernos. El caso más emblemático fue el de la quema de camiones con ayuda humanitaria que habría realizado la policía venezolana el día 23. Un reciente artículo del New York Times señala que, tal como lo había dicho PáginaI12, en realidad se trató de una bomba molotov lanzada desde filas de la derecha, y que no existe certificado acerca de que hubiera medicinas en los camiones. Sin embargo, el hecho fue repetido como verdad por medios de comunicación, el vicepresidente norteamericano Mike Pence, y el encargado del caso Venezuela, Elliot Abramos, ante las Naciones Unidas, entre otros.

La disputa por el convencimiento cobra aún más fuerza en el caso del apagón, por la dificultad de las pruebas, el poco rastro del ataque, las formas en que se desplegaron los golpes -como señaló el presidente Maduro- de manera informática, electromagnética, física, y con complicidades internas. 

Se suma a eso que la inestabilidad del sistema eléctrico ha sido recurrente en algunas zonas del país, como en el estado Zulia. Eso, junto a denuncias de faltas de inversiones en el sistema eléctrico, la matriz repetida diariamente de que este gobierno es exclusivamente un espacio corrupción, sumado a destiempos comunicacionales, y los efectos concretos del impacto, ha hecho que el argumento del sabotaje no haya convencido a una parte grande de la sociedad. 

La urgencia del gobierno reside en estabilizar el sistema, garantizar abastecimientos de emergencia de comida, agua, gas, reordenar los cotidianos dentro de las dificultades ya existentes, para lo cual, entre otras cosas, dispuso operativos en hospitales, de alimentación, y declaró hoy lunes no laborable. Se puede predecir que existirán nuevos ataques para volver a generar un apagón y trabajar políticamente sobre sus consecuencias. Podrían ser de otras características, se trata de un escenario complejo, de muchas variables, frentes de asalto, posibilidades, actores, tiempos y desesperos.

No se debe perder de vista el escenario general en el cual suceden estos acontecimientos: el intento de crear un gobierno paralelo para obligar a Nicolás Maduro a abandonar el poder político, sea bajo la forma que sea. Guaidó anunció una sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional para hoy  para declarar Estado de Emergencia Nacional, volvió a hacer un llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana con advertencia de última oportunidad. Otros dirigentes de la derecha se pronunciaron nuevamente a favor de pedir la salida violenta con intervención. 

La batalla por la luz, centro del asalto en este momento, aún no ha terminado.

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