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[OPINIÓN] La hegemonía de los pueblos

hegemonia de los pueblos

Yuleici Verdi

Construir una nueva hegemonía no depende únicamente de un ejercicio que nace conscientemente de la voluntad individual o colectiva. Pensemos que su concreción trae consigo también elementos motorizados por el momento histórico político que se esté viviendo, los cuales potencian la virtud, la consciencia y hasta la astucia en la toma de decisiones o recrudecen contradicciones que revierten los propósitos libertarios a acciones propias del poder establecido.

Si nos plantemos la construcción de un proyecto revolucionario, por experiencia y por las teorías políticas que vamos conociendo, debemos tener claro que la materialización de las condiciones de posibilidad de un discurso que encarne un deseo cotidiano en la vida colectiva reclama ir ocupando espacios de poder en las distintas dimensiones que conforman el Estado. Esto a su vez significa preguntarnos cuál es el sistema de valores que vamos a derribar del viejo Estado para que la hegemonía del poder del pueblo no repita modos y prácticas neoliberales y estatistas, y en lo concreto se inserten los valores del nuevo sistema. Y si hablamos de un sistema de transición, entonces estaríamos hablando de la hegemonía del poder en el socialismo.

En muchas oportunidades vemos cómo se llega a confundir la categoría “Estado” con la categoría “Gobierno”, por ejemplo, a tal punto que le damos el mismo tratamiento a ambos. Sin embargo, sin decir que el gobierno nada tiene que ver con el Estado o viceversa, afirmarlo sería incorrecto. Solamente asomaremos algunas ideas que nos pueden ayudar a comprender qué es el Estado, cómo está conformado, y que gobierno sí tiene que ver con el Estado, pero que no son sinónimos, ni se contradicen. Tal vez sea propicio entonces, en este somero escrito, describir cuáles son las dimensiones que conforman al Estado, cómo influyen, cultivan o imponen el poder en los diversos espacios de una sociedad.

Las ideas que describiremos en este pequeño artículo sólo pretenden asomar inquietudes para proponer la discusión en cuanto a la construcción de una nueva hegemonía del poder, la hegemonía de los pueblos. Por lo tanto las vamos a fundamentar en algunos elementos que describe Álvaro García Linera, político boliviano, en relación al Estado, en una conferencia que ofreció en el IV Foro Internacional de Filosofía (Noviembre de 2011), intitulada: Estado, Revolución y Construcción de Hegemonía. Sobre las ideas centrales de conformación de un Estado propuestas por García Linera, tomamos el siguiente párrafo como referencia:

El Estado es una máquina relacional, con tres componentes internos: ideas, instituciones, correlación de fuerzas, que tiene tres monopolios: el de la legitimidad, el de la coerción y el de la tributación. Pero hay un cuarto monopolio fundamental, trabajado por los clásicos del marxismo, pero olvidado, el monopolio o el intento al menos de monopolio, que es algo dado que se disputa cada día, que no es más que el de la universalidad.

En una interpretación de lo expuesto por García Linera, el Estado está conformado por tres dimensiones que en un juego dialéctico conforman y hegemonizan el poder. Los ministros, el gobierno y la presidencia conforman el Estado, es decir, las instituciones encarnan su primera dimensión. Además hay otros elementos que le asignan legalidad, certitud, fundamento, permanencia cultural, sentido y pertenencia. Según García Linera el Estado es diverso y dinámico por su carácter orgánico.

La segunda dimensión sedimenta el sistema de creencias de los ciudadanos de un país, porque también está conformado por ideas, palabras e historia, por la memoria de un pueblo que se hace patente todos los días al momento de asumir costumbres y valores para tomar de manera natural las exigencias y demandas del mismo Estado. El sistema de creencias, ésta es tal vez la dimensión más compleja porque está relacionada con los valores que se cultivan y trasmiten de generación en generación, a través de la educación, la religión, los medios. Allí los poderes fácticos concretan objetivos de ideologización.

Y la tercera dimensión que describe García Linera viene a ser la correlación de fuerzas sociales. Pues las instituciones, los partidos, la universidades, la presidencia, entre otras, cuentan con organizaciones sociales, colectivos y clases sociales que tienen mayor o menor influencia en la toma de decisiones. Entendemos entonces que se trata de las organizaciones sociales y colectividades, parte de la estructura social que apoya o no las políticas ejecutadas desde los distintos espacios del Estado, las cuales son también parte del Estado. Estas tres dimensiones se encuentran en una relación dinámica que permanentemente hacen patente el Estado en todo su esplendor. Aunado a ello, el Estado junto a estas tres dimensiones ejerce su monopolio desde cuatro vértices: la coerción, la legitimidad, la tributación social y la universalidad. En resumen, según García Linera, en una mirada general, básicamente así está conformada la estructura de “Estado Moderno”.

¿Qué relación tendrá este acercamiento a la estructura del Estado con la construcción de la hegemonía del poder, la hegemonía del poder del pueblo en Venezuela?

Conocer cómo está conformado por dentro el Estado y tratar de internalizar su complejidad sería una herramienta poderosa para saber con conocimiento de causa qué debemos cambiar, qué debemos eliminar y qué debemos transcender en él para crear las condiciones que posibiliten el nacimiento de la nueva hegemonía del poder, la hegemonía del pueblo.

Vamos a tratar de presentar, con temor a quedarnos cortos, algunas acciones que el Comandante Chávez dejó como legado a nuestra República Bolivariana de Venezuela, a Latinoamérica y a otros pueblos del mundo que andan tras la utopía de la construcción de un nuevo sistema de relaciones sociales en el que prevalezca la vida, la dignidad del ser humano.

Tomando como hilo de referencia las tres dimensiones que menciona Linera, comencemos con la institucionalidad y la correlación de fuerzas. Desde que el Comandante Chávez tomó la presidencia de la República de Venezuela en el año 1998, su primera acción política, en su emprendimiento del Proyecto Bolivariano, fue impulsar y lograr la Constituyente de 1999, pues sabía que para cultivar una nueva hegemonía del poder, plantear la transformación estructural desde el ámbito jurídico y desde el ámbito de la participación popular era perentorio porque le daría un sentido libertario y dinámico al proyecto para derribar esa estructura estática neoliberal de un Estado que había dispuesto todo su poderío para la clase dominante, y que además consecutivamente, gobierno tras gobierno de la IV República, venía cediendo nuestras riquezas al poder empresarial nacional y extranjero. Sabía el presidente que si no se cambiaban las leyes, difícilmente el proceso de transformación social podría concretarse.

Otro elemento estratégico político fundamental del Comandante Hugo Chávez parte de su método en la construcción de la nueva hegemonía del poder, ello fue su capacidad de comprender la necesaria acumulación de fuerzas para lograr la construcción del Socialismo Bolivariano, Democrático del siglo XXI, dado que esta dimensión del Estado debía tener un nivel de participación popular en la toma de decisiones propositivas y estructurantes, totalmente distinta a la participación pasiva que tuvo durante los 40 años de democracia representativa. Sólo cada cinco años se utilizaba al pueblo para que ejerciera su derecho al voto. Nunca olvidemos que el Comandante Chávez hablaba con insistencia de la necesaria construcción de un Gran Bloque Histórico Democrático y Popular.

Y en cuanto a la tercera dimensión, la cual tiene que ver con las ideas, la memoria, la narrativa de lo que somos y recordamos como pueblo, Chávez revitalizó en nosotros el pensamiento libertario antiimperialista de nuestro Libertador Simón Bolívar, al igual que lo hizo a nivel continental. Trajo al presente de Nuestra América la lucha antiimperialista que caracterizó al proceso independentista a comienzos del siglo XIX. Sabemos que durante estos 200 años hubo lucha férrea contra el poderío imperial de occidente, pueblos que se mantuvieron en rebelión y combate, sin embargo fue a partir de Chávez que se creó un cúmulo de fuerzas del continente. Fue con la visión histórica de Chávez, sus ideas conscientes las que impulsaron a actuar al continente como bloque ante el imperialismo mundial encabezado por los Estados Unidos.

El carácter integracionista de Chávez revivió la posibilidad de posicionar ideas libertarias y emancipatorias, no sólo de Venezuela, sino del continente latinoamericano, con una nueva consciencia del Sur. Solamente cinco ejemplos concretos nombraremos: la creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA), la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), el Acuerdo de Defensa Suramericano y el Banco del Sur. Proyectos de integración que fueron congelados por casi doscientos años, y que gracias a las ideas y la mirada histórica de Chávez, fueron hechos realidad política, asumidos prácticamente por todos los gobiernos de Latinoamérica.

Estos cinco ejemplos, que dibujan la concreción de la resistencia y de las dimensiones de un Estado, muestran la posibilidad de derrumbar el sistema económico-político regido por la lógica del capital en el que vivimos. Nuestra Venezuela y algunos países de Nuestra América, gracias al empuje del Comandante Chávez, libertador de estos tiempos, son ejemplos de la construcción de nuevas formas de hegemonía del poder, teniendo claro el sistema de valores a aniquilar en los diversos espacios que conforman o conformarían un Estado, dado que el propósito central de nuestra acción revolucionaria debe estar centrado en derribar el Estado burgués y cimentar el Estado Comunal, el Estado en que el pueblo ejerza el poder.

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