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[OPINIÓN] Los dos meses del Ministro Osorio.

Hace algunos días, los escuálidos entonaron un berrinche a propósito del incumplimiento de la promesa que hiciera el ministro Osorio aquel 7 de junio en el programa de José Vicente: “nosotros esperamos que en corto tiempo, uno o dos meses más, nosotros debemos tener estabilizado en su totalidad lo que son los productos de primera necesidad, que es nuestro primer esfuerzo, después iremos estabilizando cada uno de los sectores”.

Días después, el 16 de junio el ministro salió de nuevo al ruedo: “Pronto se dejará de vender por terminal de cédula; hay irresponsables que aplicaban la venta por número de cédula solo a productos básicos, esa no era la instrucción y por eso en los próximos días, la medida va a desaparecer”, afirmó durante el foro “Seguridad Alimentaria en tiempos de Guerra Económica”. Aseguró que la directiva de los establecimientos comerciales no ejecutó la orden de vender por número de cédula todos los productos, sino que limitó la medida solo para mercancía regulada.

A dos meses de esos anuncios, el propio ministro publica en su cuenta twitter: “Cumpliendo con el mandato del Pueblo reactivamos el acceso a los productos prioritarios por terminal de cédula”. Además, resulta evidente que el desabastecimiento, la escasez y la especulación se han profundizado.

La promesa incumplida del ministro causa revuelo y múltiples lecturas. Desde nuestro punto de vista, no se trata de un problema de responsabilidad exclusiva del ministro, por ineficiencia, o por falta de inspectores de la Sundee (Superintendencia de Precios Justos), incumplimiento de la Ley de Precios Justos o de los mecanismos de control en la venta de productos. El problema es mucho más profundo.

La derecha reincide en su diagnóstico y promociona su remedio: “La escasez es inherente al modelo. Mientras el Ejecutivo siga con la política de controles – de cambio y de precios – la escasez, los mercados negros, el contrabando y el bachaqueo estarán presentes”, afirma el economista Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica.

El neoliberalismo acecha: los empresarios presionan, chantajean y conspiran para imponer su lógica. Mientras tanto, el capitalismo se expande, coloniza nuevos territorios y nuevos ámbitos de la vida humana, infecta de egoísmo a nuestro pueblo.

Pero ¿Por qué Osorio no pudo cumplir su promesa?. El gobierno busca resolver la crisis con las mismas armas melladas del capitalismo, busca soluciones dentro del mismo capitalismo, y por ese camino llegaremos a un abismo, empujados por la burguesía nacional quien controla determinantemente la economía venezolana. Es imposible regular el capitalismo. Coincidimos con los señores de la derecha cuando dicen que la crisis es inherente al modelo, pero al modelo capitalista rentista, encabezado por la burguesía y los gobiernos serviles de los últimos cien años.

La crisis no es más que una cruel manifestación del capitalismo rentista que hegemoniza aún en la Venezuela de hoy, a lo que corresponde una salida estructural, radical y fuera del capitalismo.

Puede que coyunturalmente, la promesa de Osorio se cumpla, reaparezcan los productos en cantidad suficiente, y las colas desaparezcan, pero bajo qué condiciones ocurriría esto, a cambio de qué. Muy probablemente se garantice la “disponibilidad de mercancías” a cambio de la liberación de precios y del mercado cambiario, la reforma de la ley del trabajo y otras tantas medidas que se traducirían en el abandono del modelo socialista, y por ende, en detrimento de nuestro pueblo, que se sumergirá en las aguas de la pobreza ante la afectación de tales medidas y la imposibilidad de acceder al vasto inventario de mercancías que se abriría a los ojos de los incautos.

Si es así, entonces que no se cumpla la promesa. Pero es hora de hablar claro a nuestro pueblo, y convocarlo, con el ejemplo y la coherencia de sus dirigentes, a derrotar al enemigo histórico del pueblo, al bachaquero mayor y especulador histórico, la burguesía nacional. Y como lo ha demostrado mil veces, la revolución tendrá a un pueblo resteado y digno, protagonizando otra proeza más, digna de la historia venezolana.

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