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[OPINIÓN] Principios Fundamentales

Un país nace de pleno derecho al darse una Constitución y muere de hecho al admitir que sean  destruidos sus Principios Fundamentales.

Un texto constitucional puede alumbrar soberanías o abortar colonias.

Dispone el artículo 1 de los Principios Fundamentales de la Constitución vigente:   “La República Bolivariana de Venezuela es irrevocablemente libre e independiente y fundamenta su patrimonio moral y sus valores de libertad, igualdad, justicia y paz internacional, en la doctrina de Simón Bolívar, el Libertador. Son derechos irrenunciables de la Nación la independencia, la libertad, la soberanía, la inmunidad, la integridad territorial y la autodeterminación nacional”.

Renunciar a cualquiera de estos derechos fundamentales es  entregarlo todo.

Decía Juan Jacobo Rousseau que nadie puede consentir en ser esclavo, pues la locura no crea derechos.

Tampoco puede una República renunciar a darse sus propias leyes, a ejecutarlas con sus propias autoridades y a resolver con sus propios tribunales las controversias que dicha ejecución suscite, pues al ceder cualquiera de dichos atributos de la soberanía se convierte automáticamente en colonia.

Por lo mismo que nadie puede voluntariamente dejar de ser libre, menos puede un país renunciar a la inmunidad: al derecho de resolver las controversias sobre sus cuestiones de interés público con sus propios tribunales, sin que sus sentencias puedan ser anuladas o enmendadas por  cortes,  árbitros o jueces extranjeros.

El artículo 2 de la Carta Magna  consagra “como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”.

No puede la Constituyente violar el doblemente consagrado principio de igualdad otorgando mayores derechos a un sector de los venezolanos que a otro por razones de cultura, raza, etnia, ascendencia o creencias, y mucho menos confiriéndole mayores derechos que a los venezolanos a personas o empresas extranjeras.

Así como  es irrenunciable para la Nación la autodeterminación nacional, lo es para el ciudadano la lealtad única, exclusiva y excluyente hacia Venezuela. Nadie puede servir a dos patronos, ni puede subsistir una República cuyos ciudadanos deban lealtad hacia otro u otros Estados diferentes, posiblemente antagónicos.

Quien pisotea principios prepara su fin. 

Sobre el autor

Luis Britto García. Caracas, 1940. Narrador, ensayista, dramaturgo, dibujante, explorador submarino, autor de más de 60 títulos. En narrativa destacan Rajatabla (Premio Casa de las Américas 1970) Abrapalabra, (Premio Casa de las Américas 1969) Los fugitivos, Vela de armas, La orgía imaginaria, Pirata, Andanada y Arca. En teatro, La misa del Esclavo (Premio Latinoamericano de Dramaturgia Andrés Bello 1980) El Tirano Aguirre (Premio Municipal de Teatro1975) Venezuela Tuya (Premio de Teatro Juana Sujo en 1971) y La Opera Salsa, con música de Cheo Reyes. Con Me río del mundo obtuvo el Premio de Literatura Humorística Pedro León Zapata. Como ensayista publica La máscara del poder en 1989 y El Imperio contracultural: del Rock a la postmodernidad, en 1990, Elogio del panfleto y de los géneros malditos en el 2000; Investigación de unos medios por encima de toda sospecha (Premio Ezequiel Martínez Estrada 2005), Demonios del Mar: Corsarios y piratas en Venezuela 1528-1727, ganadora del Premio Municipal mención Ensayo 1999. En 2002 recibe el Premio Nacional de Literatura, y en 2010 el Premio Alba Cultural en la mención Letras.

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