EscritaNoticiasInternacionalGeopolíticaGestión de Gobierno

[OPINIÓN] Sobre los discursos de la extrema derecha

Felipe Kohler – Revista Crisis

Los discursos políticos, en cuanto a su contenido específico y su lógica interna, se encuentran lejos de existir en este mundo pos-ideológico que se esmera en enunciar el pensamiento supuestamente único que impera en la opinión pública global contemporánea. Según este pensamiento único, el momento histórico en el cual nos encontramos carece de fundamentos ideológicos, perfilando cualquier contenido de izquierda como remanente de una Guerra Fría y olvidado en el pasado siglo XX. Sin duda, este no es el caso a la hora de enunciar discursos políticos. La ideología se encuentra intrínsicamente conectada con estos últimos, representando su espina dorsal, una suerte de techo que estructura y da sentido a lo que se dice.

Este texto pretende empezar con una sistematización ideológica de los discursos enunciados, repetidos ampliamente e internalizados en la derecha latinoamericana actual. Este intento se concentra a lo largo de tres ejes: el social, el económico y finalmente el político, los cuales representan partes que darían sentido a un todo ideológico.

Desde Bolsonaro en Brasil, pasando por Piñera en Chile e incluyendo también a Moreno en Ecuador, parece imperar la necesidad de militarizar a sus respectivos países. Sin embargo, la lógica de confrontar las balas con más balas parece encontrase ligado también a los fenómenos de migración y los conflictos por tierra, resultantes de panoramas tan diversos como concesiones mineras o proyectos transístmicos e infraestructurales.

Para tal comedido, en el ámbito social se instaura en la vieja y confiable política del miedo, la cual divide grupos sociales a base de principios étnicos, de origen, de género y clase, para nombrar unos pocos. Así, por fines políticos se combinan los conceptos de inseguridad y los fenómenos migratorios contemporáneos. Trump demoniza a los wetbacks[1] en E.E.U.U., mientras se come un burrito por el Cinco de Mayo, celebrado más en ese país que en el mismo México, sin comprender ni su contexto histórico. En Ecuador, Moreno instrumentaliza la lógica de lx refugiadx para referirse con los mismos términos exteriorizantes (como lo hace también la nueva derecha europea) a lxs hermanxs venezolanxs en el país. Esta lógica pretende instaurar un cierto grado de inseguridad social que permita usar al término “refugiadx económicx” como chivo expiatorio a los problemas sistémicos a nivel económico y político de un determinado país, para a la vez conectar este fenómeno con los fines políticos profesados por el neoliberalismo.

De tal manera, se genera un discurso que supone imitar una crisis humanitaria. Si a Moreno le importase tanto esa crisis de la que tanto habla, dejaría pasar a las personas que en estos momentos se encuentran atascadas en el puente Rumichaca. Pero este no es el fin ideológico de este discurso específico. El fin parece ser mucho más allá, la creación de un estado de excepción, un panorama de incertidumbre en términos de seguridad y la consecuente radicalización de las medidas propuestas. El mismo discurso se repite en Colombia, país que se encuentra ante un futuro incierto respecto al Proceso de Paz, en gran parte gracias a los sectores políticos de la derecha extrema (los cuales se encuentran en el gobierno) que no se resignaron a abandonar la guerra. Así, la semana pasada el presidente Duque culpaba casi genéricamente a Venezuela de que las disidencias de las FARC vuelvan a las armas, lo cual le cae literalmente como anillo al dedo. [1]

En el ámbito económico, el discurso imperante legitima cortes sociales, despidos masivos en el sector público y privatizaciones sistemáticas de las empresas y competencias del Estado con la prudencia fiscal. Un amplio grupo de la población se encuentra a la espera de que el empresariado privado, con sus manos mágicas e invisibles del mercado, les ofrezca empleo digno y cualificado. Sin embargo, en el Ecuador la empresa privada jamás ha constituido el empleador de mayor peso y no cuenta con la capacidad de absorber la fuerza laboral que, en la actualidad, se encuentra en el desempleo. Vuelve a la mente la imagen del “monito emprendedor”, un niño de 5 años que tiene que dejar de estudiar para sustentar a su familia vendiendo Coca-Cola, porque con los sueldos de sus padres ya no sobreviven.[2] Ante el descontento social, además de culpar eternamente al modelo sucesor, el cual encaja, nuevamente, con la lógica de aislamiento y asecho político y económico constante a Venezuela, el gobierno actual se esmera en culpar, como es costumbre en la mayoría de las geografías a lo largo y ancho del mundo- nuevamente- a lxs inmigrantes.

La precarización general de las condiciones de vida en el continente viene acompañada de la proliferación del discurso del espíritu del emprendimiento, volviendo a recaer la responsabilidad de éxito o fracaso en la vida personal enteramente en el individuo. Adicionalmente, los procesos migratorios contemporáneos a lo largo del continente son instrumentalizados para generar nuevas dinámicas de una supuesta vuelta al nacionalismo, una de las categorías divisorias más antiguas. Así, se permite un renacimiento consciente de corrientes ultra-nacionalistas. Sin duda, en el continente nos encontramos en uno de los momentos de mayor fragmentación política en la historia, situación de la cual los sectores políticos reaccionarios toman como fuente de legitimación.

De tal manera, resulta fundamental la reconstitución de discursos de izquierda que contesten a los discursos – por ahora hegemónicos- de la extrema derecha, los que van ganando cada vez más terreno en el campo de las estructuras que dan sentido a las realidades vividas. Este proceso tiene que estar acompañado por una renovación ideológica y una clara identificación de las diversas corrientes de la misma. Esto permitiría una necesaria y consecuente radicalización de los discursos de izquierda, para demostrar y refutar efectivamente los elementos ideológicos utilizados como herramientas de dominación por el sistema capitalista.

Como izquierda anticapitalista, o nos renovamos o nos extinguimos. Sin esto, lxs que comprendieron esta necesidad, los sectores de extrema derecha, nos llevarán siempre la delantera a la hora de definir sentidos sociales, políticos y económicos, por lo que un proyecto alternativo resultaría impensable, imposible e insostenible. En conclusión, necesitamos de un profundo proceso de concientización política desde las masas que conteste enérgica y decididamente estas fuerzas descritas, que hoy por hoy, parecen incontenibles.

Referencias bibliográficas

[1]https://www.publico.es/internacional/duque-evita-autocritica-y-culpa-maduro-vuelta-armas-disidentes-farc.html

[2] https://www.ecuavisa.com/articulo/noticias/actualidad/515781-moreno-lamenta-efecto-expresiones-sobre-ninos

[1] Término de connotación racista usado en E.E.U.U. para describir a lxs inmigrantes indocumentadxs, traducido al español como mojadxs

Sobre el autor

Comenta aqui