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[OPINIÓN] Venezuela y los cambios climáticos

Recientemente han aparecido una serie de investigaciones, las cuales evidencian los acelerados avances y las distintas implicaciones que los cambios climáticos están ocasionando en la producción de alimentos mundial y local.

Además, los impactos climáticos no se desarrollan gradualmente, sino a través de saltos cualitativos, causando toda una serie de eventos azarísticos (efectos dominó). Por esa razón, los fenómenos climatológicos tienen el carácter multidimensional y multifactorial, lo que implica la reproducción permanentemente de las distintas tensiones sociales y ambientales.

Así, para avanzar en los nuevos procesos de planificación y producción de alimentos, debemos tomar en cuenta el sentido de las dimensiones y los componentes problematizadores que se presentan de manera integral. Por ejemplo: el aumento de la población; la escasez de recursos y energía; el deterioro de los suelos; la pérdida de biodiversidad; el stress de agua, entre otros, están permanentemente generando niveles de interacción y grados de interdependencia que necesariamente debemos tomarlos en cuenta en cualquier escenario productivo.

En efecto, y valorando las premisas anteriores, un grupo de investigadores de la Universidad de Leeds, Reino Unido, haciendo uso de 1700 modelos de cambios climáticos, ha precisado que en la década 2020-2030 se avecina el mayor riesgo de sequías. Esto tendrá como consecuencia una crisis alimentaria mundial después de 2030. Hay 12 modelos que apuntan a este riesgo emergente cada vez mayor en tan solo tres años.

Otro informe, de la empresa Twenty Four Seven, explora los riesgos sociales del impacto de las pasadas emisiones de dióxido de carbono, que implican que ciertos niveles de calentamiento global son ahora inevitables. El informe está diseñado para alertar a los inversores financieros de los impactos inevitables debidos a las emisiones de gases efecto invernadero (gei) del pasado, así como de los peligros probables de las emisiones continuadas.

También se hace referencia de un análisis del estrés hidríco mundial de la Empresa Aqueduct Food, financiada y exigida por la transnacional agroalimentaria Cargill. El análisis revela que para 2040 hasta el 40% de todos los cultivos de regadío sufrirán un estrés hídrico grave. Para esa fecha, los cultivos de arroz, trigo y maíz sufrirán “estrés hídrico extremadamente alto” entre un 72, 70 y 80% respectivamente.

Al cambiar y mermar las precipitaciones de lluvia, y al agotarse los niveles de las aguas subterráneas por la actividad extractiva de la producción, no hay dudas que se hará mas vulnerable la disponibilidad alimentaria.

Como consecuencia directa del cambio climático, los sistemas alimentarios mundiales podrían experimentar aumentos de precios y escasez de alimentos. Esto afectaría primero a los agricultores y la eventual pérdida de los trabajos e inseguridad social.

En el escenario nacional venezolano, otros tipos de amenazas están apareciendo. Algunos cambios existentes en las actividades agrícolas, y en las distintas e impredecibles fluctuaciones a corto y largo plazo de las pautas del clima, están haciendo que se reduzca drásticamente el rendimiento de las cosechas.

En empíricas y repetidas manifestaciones, tienen que ver con los impactos que se esperaban por los cambios climáticos. Por ejemplo, en varios sectores de los llanos occidentales y en los cultivos de ciclo corto como maíz, frijoles, melón, patilla, se han venido observando el aumento de la temperatura media, que se traduce en un acortamiento de los ciclos de vegetación, afectando la producción (desarrollo más rápido y disminución del crecimiento). El aumento de la frecuencia de las temperaturas elevadas es nefasto para las producciones. Se cree que las altas temperaturas producen en las plantas un efecto conocido como estrés térmico. Crecen menos y también producen menos.

En algunos casos las plantas no producen nada en absoluto porque las temperaturas excesivamente altas causan la esterilidad del polen (disminuyendo la capacidad reproductiva masculina de las plantas). Por otra parte, los productores de cacao del sur del Lago de Maracaibo, de la costa de Sucre, se han visto mermados sus rendimientos, observándose retrazos en la floración y fructificación del cultivo.

Algo similar ha venido sucediendo con el café en varias zonas, por la des-regularización en la floración, mermando considerablemente los rendimientos-cosechas en los últimos cuatro años.

En sectores esparcidos de la geografía nacional, la fructificación de los mangos en Cojedes se adelantó 5 meses. En Barinas igual con el aguacate, la guanábana y varios cítricos, se notan los cambios de maduración de los frutos. Algo similar ha ocurrido también en sur del Lago de Maracaibo. Contrario, en los Andes, al brocolli y algunas hortalizas de hojas, donde su floración es más rápida.

En los páramos andinos, a varios cultivos les llego la polilla guatemalteca de bajas latitudes. Así ocurre con otros vectores como las chiripas que debutan en los hogares andinos. Asimismo, la expansión de los insectos hacia otras altitudes, agrava el riesgo de las cosechas y los subsecuentes problema ambientales y de salud.

Aproximadamente entre el 35-39% de los gases de efecto invernadero que se producen en la atmósfera provienen de las actividades agrícolas y ganaderas. Esto implica que debemos avanzar en toda una serie de iniciativas para poder revertir tal tendencia.

Si bien es cierto que en varias investigaciones puntuales se ha demostrado que el manejo agroecologico de los procesos productivos ayudaría no sólo a fijar el carbono y a reducir las emisiones, sino también a mejorar la capacidad del suelo de retener agua y nutrientes, y de resistir a plagas y sequías.

De igual modo, debemos hacer el esfuerzo en confeccionar propuestas e iniciativas de carácter holistico (ver figura arriba). Desde tal metódica, han emergido las distintas áreas del conocimiento, sus líneas de investigación y sus ejes temáticos, las cuales darán forma a la re-significación de las políticas de soberanía agroalimentaria y los cambios climáticos que vienen en camino.

Por concluir, estamos conscientes que los modelos climatológicos y sus proyecciones hacia un calentamiento global que se estaría dando progresivamente entre los próximos 10-30 años, van a producir efectos importantes en la agricultura del planeta. No solo afectará la biología (positiva o negativamente en referencia a su producción), sino que hará variar los componentes socio-económicos y ecológicos de las regiones que sustentan las actividades agrícolas.

Estamos convencidos que previsión, planificación, mitigación, adaptación y corresponsabilidad, es posible!!! No sólo construir la resiliencia minimizando los múltiples efectos y protegiendo a las poblaciones vulnerables, sino también allanar el camino para un sistema alimentario sustentable que pueda funcionar como una solución a la crisis climáticas venideras.

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