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[TEATRO ALAMEDA] Cultura, Colores y Militancia en San Agustín

El Teatro Alameda está ubicado en la entrada de San Agustín del Sur, un barrio de raíces afro-descendientes que transpira cultura, a un paso del centro de Caracas. El teatro tuvo su importancia hace décadas, luego fue abandonado, hasta ser nuevamente recuperado por la comunidad en 2004 para convertirse en un espacio para las diferentes expresiones culturales y artísticas de San Agustín.

Tras una jornada de trabajo voluntario para pintar el interior del teatro, en preparación para el Festival Internacional de Teatro (realizado en Caracas del 12 a 19 de abril), hablamos con Reinaldo Mijares, director del espacio desde 2013. Nacido en San Agustín pero con raíces en Barlovento, Reinaldo ha dedicado su vida a la danza contemporánea, integrando diferentes agrupaciones hasta fundar la agrupación Mudanza hace 22 años.

“La danza ha sido mi forma de vida en los últimos 35 años, de ella he vivido y con ella he convivido” nos cuenta en su pequeña oficina en el teatro, llena de carteles de eventos, materiales de limpieza, pinturas, papeles e incluso la recién llegada bolsa CLAP.

Su otra forma de vida ha sido el trabajo comunitario, particularmente en el barrio San Agustín y enfocado especialmente en el ámbito cultural. Reinaldo, que lleva el Teatro Alameda adelante junto a un pequeño equipo, nos transporta en un recorrido por la historia del teatro, su abandono y recuperación, su rol en el barrio y los proyectos en curso. Hablamos también del papel de los cultores en el contexto actual e, inevitablemente, de Chávez.

Recuperando el teatro

Fundado en el año 1943, el Teatro Alameda tuvo gran importancia en los años 40 y 50 ya que El Conde, al lado de San Agustín del Sur, era la zona de clase media en la Caracas de aquellos tiempos. Por el Teatro Alameda pasaron artistas importantes de la escena latinoamericana, como Benny Moré o Toña la Negra.

El teatro funcionó hasta mediados de los años 60, al final como un cine, hasta que fue cerrado y abandonado. Desapareció como teatro y terminó como un gran galpón donde funcionaba una fábrica y reparadora de butacas del Circuito Radonski de Cines Unidos.

“Pero a la gente de San Agustín nos amamantaron el imaginario con las historias del Teatro Alameda,” nos explica Reinaldo. “Siempre soñamos con tomarlo, para tener un espacio para albergar las diversas formas de arte que se celebran en esta parroquia.”

La toma no se dio sino en el año 2004, tras una asamblea de ciudadanos. Reinaldo señala que fue importante hacerlo ya con el Comandante Chávez en el poder, porque antes la respuesta sería seguramente una fuerte represión por parte de las autoridades. Sin embargo, el alcalde metropolitano de entonces, Alfredo Peña, sí lanzó a la Policía Metropolitana a reprimir la toma. Solo una gran movilización en apoyo, y por fin una llamada del gobierno, logró que la policía se retirara.

Se tomó entonces el espacio, y con trabajo voluntario de la comunidad se creó la Casa Cultural Alameda. Tras dos años de esfuerzo se logró tener una sala de danza con piso de madera, y más tarde una sala de música y un gran salón donde sucedía de todo: desde un baile de joropo tuyero hasta las reuniones de Barrio Adentro, que estaban comenzando en ese momento, desde obras de teatro a reuniones de vecinos sobre los consejos comunales.

Este funcionamiento de la casa cultural tendría un salto significativo en 2013, como Reinaldo cuenta. El Presidente Maduro, durante los denominados gobiernos de calle, en el centro cultural La Ceiba (parte alta de San Agustín), pidió al alcalde del municipio Libertador y a la jefa de gobierno del distrito capital, Jorge Rodríguez y Jacqueline Farías, que restauraran el Teatro Alameda.

“Nos enteramos por televisión de la idea de restaurar el Teatro Alameda,” dice Reinaldo entre risas. “Nos dio mucha alegría pero también nos pusimos un tanto a la defensiva, en la medida en que exigíamos que este espacio siguiera siendo manejado por la comunidad, desde el poder popular organizado de la parroquia San Agustín.”

Al final esto no fue un punto de disputa y la alcaldía valoró que el teatro siguiera siendo manejado desde la comunidad. La relación de co-gestión con Fundarte, el brazo cultural de la alcaldía de Caracas, se mantiene hasta hoy.

Hoy día el teatro ofrece una variada oferta cultural y también formación a más de 150 niños en las más diversas áreas: danza, teatro, cuatro, percusión, etc. No obstante, Reinaldo resalta que las decisiones sobre la formación y programación cultural siguen siendo tomadas por la comunidad, a través del Gabinete de Cultura de San Agustín donde se integra el Teatro Alameda, y luego se comunican a la alcaldía.

“Hay un nivel de autonomía bastante alto, que nos permite seguir teniendo el teatro como creemos que debe ser. Además hemos demostrado que podemos llevar adelante un teatro manteniéndolo en las mejores condiciones posibles, y la comunidad de San Agustín viene aprendiendo a usar su teatro,” nos explica, añadiendo que el teatro busca obtener algunos recursos propios para comprar productos de limpieza o hacer pequeñas reparaciones, mientras reparaciones profundas sí necesitan el apoyo de la alcaldía.

Transbordando colores

“El Teatro Alameda no se mantiene como una isla bonita, nosotros nos asumimos como parte de esta parroquia.” Así lo resume Reinaldo cuando habla de los proyectos más allá del espacio físico del propio teatro.

El Teatro Alameda forma parte del Gabinete de Cultura de San Agustín, donde participan diferentes organizaciones culturales, artísticas y educativas del barrio. Allá se planifican los proyectos culturales, que luego se llevan adelante en articulación con otras organizaciones populares como son los consejos comunales. Un ejemplo es el “San Agustín Cumbe Tour,” una ruta turística del barrio llena de música, baile, alegría y comida típica.

Otro proyecto muy interesante se llamó “Marín, Guaguanco de Colores,” un proyecto de recuperación de la llamada Plazoleta del Afinque de Marín, justo por detrás del Teatro Alameda. Este fue un espacio muy importante en los años 80, ya que los grandes artistas de la música latino-caribeña, y la salsa en particular, cuando venían a dar un concierto en el Poliedro de Caracas, al día siguiente se presentaban en el Afinque de Marín.

“Se enteraba gente de todas partes y venía a disfrutar de los conciertos,” explica Reinaldo. “De alguna forma eso ha marcado el devenir de la parroquia, la forma de ser. Yo creo que San Agustín es un barrio muy anfitrión, un barrio que está acostumbrado a recibir gente, a recibirla de brazos abiertos. ¡Y si la gente se descuida, la abrazan!”

Cuando se restauró el Teatro Alameda hubo que restaurar la pared donde estaba un mural histórico en memoria de los 11 miembros del Grupo Madera que murieron en un accidente en el río Orinoco. Con el teatro, y la pared, en muy malas condiciones, hubo que tumbar el mural, pero a los meses la comunidad y los familiares de los músicos del Grupo Madera exigieron que se re-hiciera el mural (ver foto).

En las reuniones donde se discutió la restauración de este mural, Reinaldo planteó la idea de ir más allá y recuperar la plazoleta como espacio para la cultura. Así nació el proyecto “Marín, Guaguanco de Colores” en 2016.

“Un proyecto de completa militancia y voluntariado,” dice Reinaldo con orgullo. Se juntaron varios colectivos muralistas para pintar 16 murales, llenos de colores y ritmos. “Yo creo que ganó el barrio muchísimo, la gente estaba muy contenta de todo el colorido expresado allí, es una belleza que mejora la cotidianidad,” añade.

El plan ahora es ir más adelante en la recuperación, con un proyecto de arquitectura participativa donde la comunidad discute cómo se imagina sus espacios, para convertir la plazoleta nuevamente en una “plazoleta.” Esto implica hacer un bulevar y cerrar el paso de carros, armar un café/bar a cielo abierto, crear un espacio para el deporte y la recreación, y pintar nuevos murales.

Pero Reinaldo subraya que no hay que esperar que todo esté listo para empezar a “sembrar la idea” de lo que se quiere hacer en los espacios aledaños al Teatro Alameda. En ese sentido se empezaron a hacer conciertos/ensayos en un ambiente relajado, con un mínimo de producción, que ya contaron con la participación de artistas como SurConciente, José Alejandro Delgado o el propio Grupo Madera, que mantiene algunos de los sobrevivientes del accidente del Orinoco junto a nuevos integrantes.

El arte como herramienta de transformación

Cuestionado sobre el papel del arte en un proceso como el Bolivariano, Reinaldo no tiene dudas.

“El arte debe acompañar el tipo de sociedad en la que se está y la que se quiere construir. No puede ser como los ángeles, tener esos niveles elevados y asexuados. Todo el arte es un acto político, incluso cuando no quiere decir nada esa es una posición política. Tiene que haber un arte militante, de calidad, aunque no necesariamente panfletario,” explica.

Y en este momento extremadamente duro, con un golpe de Estado en curso y la amenaza latente de una invasión militar extranjera, el arte no se puede escapar a ser un acto “político.” Como subraya Reinaldo, hay una multitud de artistas de las más diversas áreas que se han desplegado por las calles creando alrededor del tema de la paz. Un ejemplo ha sido la canción “La Paz Es Ya,” trabajo de José Alejandro Delgado y varios otros cantautores y cantautoras.

Esta visión del arte involucrado en la lucha por una sociedad mejor no es novedad en San Agustín, insiste Reinaldo, contando que desde los años 70 se entendió en el barrio que las artes y la cultura eran herramientas para la transformación social. Surgieron entonces agrupaciones musicales con claras tendencias de izquierda, así como gente enseñando música, danza, teatro, con el germen de una visión política de izquierda, de participación y transformación.

“De alguna forma este barrio se identificó, comenzó a creerse como un barrio cultural, un barrio musical, y alrededor de la música se levantó una identidad y una bandera de lucha,” resume.

Para conectar ese germen de una visión de izquierda en los años 70 y la visión actual de la cultura llevada adelante por la comunidad organizada hay una pregunta natural: ¿y Chávez dónde entra? Reinaldo es bastante claro:

“Chávez volvió a levantar las banderas de la izquierda y del socialismo que venían desapareciendo por todas partes. En eso los movimientos culturales no son excepción. Chávez es la bujía que enciende nuestra visión y nos hace volver a creer en la posibilidad de transformar este país desde la izquierda.”

Hablando del momento actual de la Revolución Bolivariana, Reinaldo empieza por recordar la evolución política del propio Chávez, que llegó al poder con una visión tímida de una tercera vía antes de declararse anti-imperialista y socialista.

“Hoy estamos en esa dialéctica de construcción. Creemos en la necesidad del auto-gobierno, creemos que la revolución la va a hacer la gente, las organizaciones populares, y en medio de eso hay un gobierno aliado, pero es una dialéctica,” explica.

Reinaldo sostiene que la crisis actual debe ser un momento de inflexión para el gobierno, una oportunidad para corregir flagelos como la corrupción y la ineficiencia, y apartar a los factores que no creen, o han obstaculizado, la construcción del poder popular. Pero insiste que también debe ser una oportunidad de cambio para los movimientos populares, algo que se viene discutiendo en San Agustín.

“Hemos llegado a la conclusión que también de alguna forma hemos relajado, acomodado, desde el apoyo que hemos tenido del gobierno bolivariano. Hemos deconstruido formas en la lucha que teníamos antes, terminamos “aburguesando” la forma de trabajar.” Así lo resume Reinaldo, antes de dejar los retos. “¿Entonces si no tienes todas las condiciones que te de el gobierno no haces el trabajo popular? ¿Cómo hacer esa crítica? ¿Cómo trabajar con lo necesario y apuntar estratégicamente hacia dónde vamos?”

Este es quizás uno de los principales dilemas que la construcción del poder popular ha enfrentado en Venezuela. Un crecimiento muy rápido pero acompañado y apalancado por recursos del Estado dio lugar a un repliegue en tiempos de crisis, o a estructuras cooptadas y dependientes del Estado. Sin embargo, la crisis también ha visto el fortalecimiento de algunas experiencias de poder popular organizado que reafirman el socialismo como horizonte histórico.

“Por supuesto que hacemos la crítica al gobierno. Pero más allá del gobierno, o de algún apoyo, tenemos que contar con nuestras fuerzas propias,” dice Reinaldo en modo de conclusión. “El gobierno tiene que hacer su trabajo y nosotros como organizaciones populares tenemos que hacer el nuestro, para que se genere esa dialéctica hacia un gobierno popular y revolucionario.”

El Teatro Alameda no es una “isla bonita,” más bien es un ejemplo de un espacio dirigido por y para la comunidad, con una relación con el Estado (la alcaldía de Caracas en este caso) que no le quita autonomía y una profunda conciencia del papel del arte en la construcción de una sociedad mejor. Aunque apenas sea un pequeño espacio de un barrio de Caracas, seguirá aportando a la resistencia contra la agresión externa y a la construcción del poder popular, transbordando colores y militancia.

 

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