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[OPINIÓN] ¿Conciliación o radicalización? El ejemplo de Chávez

conciliación o radicalización

La Revolución Bolivariana atraviesa hoy momentos de grandes dificultades. La contrarrevolución amenaza con pulverizar nuestras conquistas. El imperialismo continúa su agresión sin piedad, tal cual lo hizo desde la llegada del comandante Chávez. Al gobierno nacional le ha tocado decidir, ¿qué hacer antes las pretensiones de EEUU? Cuál es la vía: ¿asumir el camino de la conciliación o radicalizar la revolución? 

Se trata de un dilema histórico. El comandante Chávez asumió con firmeza el camino hacia la radicalización, advirtiéndonos con insistencia del peligro que corren las revoluciones cuando son carcomidas por el reformismo. En cambio, el actual gobierno ha optado crecientemente por el rumbo complaciente y socialdemócrata. Miremos entonces la tendencia histórica de Hugo Chávez y ahora la del gobierno actual, proyectos a nuestro juicio cada vez más antagónicos. 

De la tercera vía al socialismo

“Radicalización revolucionaria, socialismo verdadero, revolución antiimperialista, este es el camino y ese es el único camino que nos permitirá lograr los objetivos del Proyecto Nacional Simón Bolívar.”

(Discurso de Chávez en conmemoración del quinto aniversario del golpe de 2002 – 11/04/2007)

En los momentos de mayor adversidad, Hugo Chávez demostró que el proyecto político que dirigía junto al pueblo era la construcción del socialismo. La evolución fue siempre a radicalizar el proceso, a profundizarlo y hacerlo consciente en las masas. Sin embargo, ¿tenía otro camino o posibilidad el comandante? ¿Había otra vía y decisión para la resolución de los conflictos? A pesar de la características propias de la Revolución Bolivariana, signada por la lucha electoral como forma de acceso al poder y condicionada por la institucionalidad burguesa que aún impera, y que obligaban a la Revolución a hacer muchas veces concesiones tácticas, Chávez siempre empujó la revolución por la vía de la profundización, preservando férreamente la estrategia final: el socialismo. 

“¿Qué ocurre cuando Hugo Chávez llega al gobierno de Venezuela? La sociedad civil dominante trata de adueñarse de Chávez, pero Chávez salió montuno, Chávez nunca se ha subordinado y Chávez jamás se subordinará a esa vieja sociedad civil del pacto de Punto Fijo”. La contrarrevolución de aquel entonces intentó controlar a Chávez, convencerlo de que era posible entenderse con la burguesía, que su gobierno podía desarrollarse con ella y para ella. El objetivo era enterrar la posibilidad de una verdadera revolución. Sin embargo, Chávez salió “montuno” y tras grandes latigazos comprendió que no era posible consumar su proyecto político junto al enemigo histórico del pueblo. Entendió así que debía construir la revolución con los comunes, que su lucha siempre había estado enmarcada bajo la constante lucha de clases.

Asimismo, tesis como el capitalismo de rostro humano o la tercera vía sedujeron a Chávez durante sus primeros años de gobierno, pero la revolución fue un proceso que se fue decantando. Chávez no sólo entendió que con la burguesía no había entendimiento posible, sino que decidió enrumbar al país por el camino del socialismo.

“Comprometidos con los empresarios”

“Vamos a hacer alianzas productivas, beneficiosas, de “ganar-ganar”. Gana el país, gana el empresario, gana el Estado, gana la clase obrera, ganar-ganar,  win-win, todos a ganar […] Está surgiendo un modelo socialista productivo que incluye a los sectores privados para el desarrollo y expansión de las fuerzas productivas.”

(Reportaje de Telesur, Maduro: Vamos a hacer alianzas productivas de ganar – ganar. 25/04/2019)

El problema es que el win-win no ha sido realmente para todos. El pueblo no ha ganado en esta propuesta, el proyecto de Hugo Chávez tampoco. La nueva política de alianzas ha beneficiado únicamente al empresariado nacional y foráneo. La dirigencia ha ofrecido cada vez más protagonismo a  este sector, tal cual lo dijo el vicepresidente de la república Tareck El Aissami, “Estamos comprometidos con ustedes empresarios, empresarias con una permanente jornada de trabajo y ajustar lo que haya que ajustar”. Este compromiso tuvo eco en las palabras célebres de Castro Soteldo, “debemos ir a la construcción de esa burguesía revolucionaria, transformadora, que alcance los estadios de liberación económica de nuestro país”.

No es puramente retórica del gobierno, sino que los mismos empresarios lo reconocen. “No logramos cambiar el gobierno, pero logramos que el gobierno cambiara”, dijo a BBC Mundo un abogado que asesora a varias empresas del país y a dirigentes opositores.

He aquí una diferencia fundamental. Para Chávez el pueblo fue siempre su primer y principal aliado, y en su trayecto entendió que la lucha era para extirpar de raíz el modo de producción capitalista. Al contrario, ahora los principales aliados son los empresarios, viejos y emergentes. El “ganar-ganar” no es más que una reencarnación del capitalismo de rostro humano, pero no se puede gobernar simultáneamente para/con la burguesía y junto al pueblo. Son intereses antagónicos al final.

Nacionalizaciones y privatizaciones

Una de las primeras prioridades para el comandante fue recuperar el corazón económico de la nación: PDVSA. Chávez entendía las implicaciones geopolíticas del mercado petrolero, y por eso se esforzó para reactivar la OPEP de forma a estabilizar los precios del petróleo. Luego, tras el paro y sabotaje petrolero de 2002-03, inició un proceso de rescate y nacionalización de la industria, aplicando una serie de medidas para lograr la plena soberanía petrolera y rompiendo definitivamente con la lógica “entreguista” que históricamente se había impuesto. 

La recuperación de la industria petrolera permitió a la revolución avanzar en dos grandes frentes. Por un lado, permitió dignificar las necesidades inmediatas de un pueblo que durante décadas fue sometido a la pobreza por los gobiernos de la Cuarta República al servicio del imperialismo. El llamado “pago de la deuda social”. Chávez necesitaba devolver la tranquilidad espiritual y material al pueblo venezolano, para así avanzar en la organización popular. Por otro, recuperar PDVSA fue la clave para la reactivación de las fuerzas productivas de todo el país, incluso introduciendo modelos de propiedad social o control de la clase obrera en las empresas estatales.

No obstante, el comandante entendía la gran debilidad de la economía del país (una economía rentista y monoexportadora). A pesar de intentos e intenciones, no se logró diversificar la producción. No sólo eso, sino que Chávez tenía claro y advirtió que las lógicas imperantes seguían siendo capitalistas. Por esta razón planteó y estudió modelos de gestión de empresa diferentes, como el Sistema Presupuestario de Financiamiento propuesto por el Che Guevara. Chávez entendía la necesidad de romper de raíz con la lógica mercantil, de imponer la propiedad social, junto a un proceso de planificación y centralización de las fuerzas productivas del país. Iniciativas como los injertos socialistas, o el llamado plan Robin Hood, dan cuenta de la tendencia histórica de radicalización del proyecto de Chávez. 

Aunque en un contexto totalmente diferente (volveremos a este punto), la tendencia política reciente ha sido totalmente opuesta a la que acabamos de describir. 

En el caso de la industria petrolera, el gobierno nacional ha introducido recientemente una serie de medidas en favor del sector privado. Por ejemplo, se ha exonerado del pago de impuestos a las trasnacionales y se ha vulnerado el decreto 5200 que exigía una participación mínima de 60% de PDVSA en proyectos mixtos. Los planes de la nueva junta reestructuradora de PDVSA además plantean eliminar el componente social de la industria, volver a los contratos de servicios, y otras medidas bajo una lógica de reducir los beneficios del Estado y así atraer inversión privada. 

La creciente apertura a los privados se extiende más allá del sector petrolero.  En el sector de alimentos, Abastos Bicentenario se transformó en negocio privado que ahora conocemos como tiendas CLAP, crecen los desalojos de los campesinos a manos de terratenientes, avanza la “descentralización” de los servicios públicos, se ha derogado la ley de ilícitos cambiarios, entre otras medidas que demuestran un claro rumbo liberalizador en la economía.

Retrocesos tácticos e históricos

Se podría argumentar que el cambio de política del gobierno nacional es un retroceso táctico forzado por las circunstancias advenidas, un paso atrás en medio de un incesante asedio imperialista y en medio de una crisis económica de años. Pero los últimos 7 años más bien sugieren una tendencia política marcada del gobierno nacional en otra dirección. Una cosa es negociar la red de hoteles VENETUR, u otros bienes que no son estratégicos para el país. Mucho más grave es entregar PDVSA a los privados. Esto es sacrificar la vida de la nación, así sepultando la soberanía construida junto a Chávez e hipotecando el futuro de la Revolución Bolivariana.

Sin embargo, no se están debatiendo estas medidas aperturistas, más bien se ofrecen como continuidad del proyecto de Chávez, mostrándolas como un paso hacia adelante y como la única alternativa. Más allá de poner en peligro algunas de las conquistas históricas de la Revolución Bolivariana, se desdibuja el horizonte, distorsionando el proyecto socialista que con Chávez se había hecho más y más claro

Apoyándose siempre en las luchas históricas de figuras como Bolívar y Zamora, el Comandante abrió las puertas a los distintos sectores sociales, a los campesinos, a la clase obrera, artistas, intelectuales, adultos mayores, mujeres, jóvenes, etc.. Los convocó a construir en todo el territorio nacional la células, las semillas de esta revolución, los consejos comunales y las comunas. En sus palabras, de las comunas se iba a “parir” el socialismo en Venezuela. Se trataba de ir trascendiendo el poder constituido, de romper con la lógica del Estado burgués y de construir a través del ejemplo, estudio y militancia el Estado comunal. El sujeto histórico era el pueblo confederado, consciente y preparado para ejercer el poder.

No es posible simplemente retomar el proyecto de forma abstracta, pero sí seguir ese ejemplo. El comandante Chávez también enfrentó momentos de grandes dificultades, golpes de Estado, sabotaje y paralización de PDVSA, crisis de los precios del petróleo, amenazas del imperialismo, presión internacional y un sinfín de situaciones que buscaban hacer fenecer a la Revolución Bolivariana. Pero éste siempre se mantuvo firme y decidido junto al pueblo, supo leer las condiciones históricas. Aunque en ciertas ocasiones le haya tocado dialogar y negociar, nunca cedió lo estratégico. La lección de Chávez es que la radicalización creó confianza, creó dignidad, creó mejores condiciones para enfrentar las amenazas venideras. Aprendamos y volvamos al Chávez “radical”. Ejerzamos la autocrítica con valentía, disputemos el programa político del comandante, no dejemos que lo enmarañen y solapen, demos el debate, peleemos hasta final como lo hizo el comandante. 

“Estamos aquí para hacer una revolución. No para hacernos ricos, o para crear una nueva clase social de nuevos ricos, una nueva elite política, que le dé la espalda al pueblo campesino que aquí está, al pueblo pobre de esta sabana, al pueblo pobre de las ciudades, a los obreros, a las mujeres, a los niños, a los estudiantes… Con ellos se nos va la vida, por ellos se nos tiene que ir la vida, hago ese llamado una vez más…”

(Aló Presidente Número 278 desde Hato Callejas, Estado Barinas. 25/03/2007)

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