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[ECOSOCIALISMO] Aprecio por la Agricultura Campesina.

Independientemente de la situación de inestabilidad de acoso, bloqueos económicos y técnicos, y de otras índoles; que experimenta los distintos procesos productivos venezolanos, nuestra producción primaria de alimentos se ha mantenido. Entre los períodos 2008-2018, la merma-promedio, ha sido alrededor del 23% (22’575.705 TM) y los últimos 4 años de ese período el 12% (17.507.314 TM). Programa Nro. 112 (segmento 3) “Cultivando Patria” del pasado 14/04/2019. Cifras, que provienen de la producción konuquera campesina y familiar.

Históricamente, esta genuina producción de alimentos se encuentra consustanciada con otros testimonios productivos, tales como: la agricultura originaria e indígena; la agroforestería; las asociaciones de cultivos; las milpas; las chinampas; algunas tecnologías agrícolas tradicionales: como los abonos verdes; el terraceo; los zai del áfrica; los sistemas integrados de cultivos y peces; los distintos arreglos multivariados de los policultivos, entre otros.

Estas formas tradicionales baratas y sanas de producir alimentos, trabajos, servicios y conocimientos; se sostienen con significantes aportes sociales, culturales, económicos y tecnológicos, dignos de ser tomados en cuenta, ante la urgencia nacional que tenemos de producir más alimentos.

Es por ello, que invitamos a valorar y debatir, la re-significación de la producción campesina-familiar para acercarnos a re-definir, las nuevas propuestas políticas hacia la construcción en de la nueva soberanía agroalimentaria desde las siguientes premisas:

Dialogo de saberes: permanente, se encuentra entre las comunidades productivas, los cuales se nutren de nuevos conocimientos y potencian algunos elementos de resistencia social encontrados en las localidades, los cuales sustentan las racionalidades definidas desde la propia identidad socio-cultural-productiva.

Los procesos participativos: estas iniciativas productivas vienen acompañadas de distintas metódicas no sólo para destacar y hacer valer la pertinencia social, también la participación ayuda en el diseño y metódicas, para propuestas de endogeneidad proporcionando el carácter integral, armónico y estratégico de la organización social de la producción. 

Corresponsabilidad social: transferencia de saberes, se valoran diferentes niveles de conocimientos de manera horizontal y vertical.

La innovación: las expresiones tecnológicas populares encontradas en las dinámicas productivas son sustentables, parten de las bases materiales de los recursos locales y de la sabiduría e ingenio de nuestros campesinos.

Armonía: la racionalidad campesina en el uso de los recursos naturales locales, proporciona una armonía entre el mantenimiento o aumento de la calidad de vida, implícito y orientado al bienestar colectivo y a la complementariedad de acciones que siempre ha existido entre los productores.

La economía social y solidaria: somos los que creemos que una de las partes más dinámicas de las nuevas economías, será la producción de alimentos sanos y libre de agrotóxicos. Estas ya se están potenciando con mercados locales alternativos y fraternos acompañados de los principios que rigen la economía social y solidaria. Principios que apuntan hacia la co-gestión, el trabajo compartido, el trueque, la justa distribución de los recursos y las ganancias, y los niveles de autonomía.

La intervención pública: el hecho que nuestra agricultura campesina-familiar tiende a generar grados de autonomía en las comunidades productivas, no quiere decir que la intervención pública no pueda existir. Dicha intervención debe estar ajustada a la dinámica de los procesos participativos en la definición de las agendas de la producción agrícola elaboradas por las comunidades. Se debe saber respetar y encauzar todo el respaldo institucional que dichas agendas proponen. No creemos existan formulas o mandatos genéricos al respecto en esas interacciones: instituciones públicas; sector privado y movimientos de campesinos y sociales. Lo que se trata y que se debe resaltar, es que para todos los espacios “la re-construcción de la soberanía agroalimentaria” debe y tiene que ser una prioridad de estado garantizando y ejercitando el mandato de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en su artículo nro.305 de nutrirse con alimentos de alto aprovechamiento biológico libre de agrotóxicos. 

Todas estas premisas y valoraciones que pudiésemos agregar; guían el espíritu científico de la agroecología. Esta a su vez, generan conocimientos que refuerzan los saberes anteriores.

En ese sentido, la principal tendencia de la ciencia agroecológica; es unificar todos los saberes (indigenistas, campesinos, científicos y otros) con las perspectivas socio- económicas, ecológicas y técnicas para el diseño, manejo y evolución del sistema productivo y de su base social y cultural existente. Al parecer en esta nueva-vieja ciencia agrícola, se encuentra parte de la alianza científico y del saber conciencia de los campesinos.

La agroecología, además de reconocerse en sus principios en las prácticas agrícolas ancestrales, también sustancialmente ha ayudado a co-evolucionar a las diferentes tendencias de la agricultura sustentable. A saber: la agricultura natural, la biodinámica, ecológica, la orgánica, de bajos insumos; ecológicamente apropiada, la agricultura regenerativa, la alternativa, la agricultura biológica, y permacultura. Expresiones productivas que emergieron con fuerza en las últimas décadas del siglo pasado.

Las reflexiones anteriores nos conllevan a la siguiente síntesis: aceleradamente estamos requiriendo avanzar, en una nueva propuesta civilizatoria con un nuevo orden agroalimentario diferente. Sus bases se encuentran en nuestros sistemas ancestrales y tradicionales citados anteriormente, los cuales se vienen potenciando con la producción agroecológica de alimentos.

Tengamos siempre presente que la ciencia agroecológica, es y sera, la única ciencia que realmente puede enfrentar los tantos desafíos ambientales de la humanidad, tales como: los cambios climáticos extraordinarios; los aumentos de las  temperatura de los cultivos; la pérdidas de los niveles freáticos en los suelos; la contaminación de los mismos; la necesidad de mejorar los procesos productivos desde el manejo agroecológicos de los suelos; el ahorro de energía; la preservación de la agro-biodiversidad y nuestras cuencas hidrográficas entre otras.

Estas tensiones sociales y ecológicas evidencian que las nuevas políticas agrícolas por construir, deben partir del carácter estratégico político ambiental que se exige, para avanzar por el nuevo orden agroalimentario.

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