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[OPINIÓN] ¡Globalistas al carajo!

Los globalistas aplican planes concretos para expoliarnos y se reúnen para decidir los destinos de la humanidad en nuestra cara. Grupo empresariales –clase plutocrática global– pretenden ofrecernos sus valores e intereses empresariales, como forma de vida y principios universales, favoreciendo no a los pueblos, sino a sus líneas de producción, fabricación y a sus monopolios (fetichización universal de la mercancía, la información y la tecnología).

Su cara mas visible es el Foro de Davos. Plutocracia hipócrita que pretende engañarnos con el discurso del “bien común” o “la casa común”. Ocultándose detrás del lenguaje y mostrándonos “su” modelo de “capitalismo inclusivo” o “socialismo de mercado”, cuando todos sabemos que el capitalismo (trans y postcapitalismo) y sus desviaciones, son destructivas y lo que generan es desigualdad y miseria. Ese  Foro de Davos es el resurgimiento, el regreso por la puerta de atrás, de aquel patotero de Bush que encarnaba el neoliberalismo como el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Aprovechando el virus del Covid-19, diseñado como dispositivo de guerra multipropósito y cobertura, desatan pestes y resetean el sistema, como lo hicieran en el pasado con otras pestes; adelantan e imponen cambios trascendentales inconsultos, sin legitimidad alguna, utilizando sobre todo la concentración absoluta de riqueza hecha con la política de la FED que los hizo superricos, creciendo la desigualdad como nunca antes.

Cumplida está primera fase del plan, generan la crisis integral del sistema capitalista fiduciario y pasan a instalar otro sistema integral basado en las corporaciones de tecnologías disruptivas y megafondos de inversiones como solución. Con el virus justifican el dinero digital y la destrucción de todo el sistema productivo industrial y fiduciario e instalan el “postcapitalismo digital transhumano” para presentarse entonces como salvadores de la humanidad y amos de los nuevos esclavos y siervos en que convertirán a los trabajadores del planeta.

Hoy regresan disfrazados, mutados, trasvestidos con ropajes de buenas intenciones en agendas Globales como la “Agenda 2030”, para saquearnos y dominarnos incluso exterminarnos con tecnología de punta y megacontrol digital. Es el mismo imperio por desposesión y expulsión (Harvey/Sassen) de ayer, que hoy, usando armas de nuevo tipo para quebrar las economías de las naciones y tomar sus riquezas y activos de manera tranquila y clandestina –catastrofismo sanitario mediante–, están actuando impunemente. Insistimos, el Foro de Davos junto con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y sus acólitos, son los mismos patoteros que Chávez y  Kirchner mandaron al carajo en Mar del Plata.

Contrabandeando el lenguaje y manipulándolo, hablan de paz, para evitar conflictos mientras nos despojan del Esequibo; de salud mientras desatan enfermedades, pandemias y se hacen millonarios con las vacunas; de libertad de información y expresión mientras la GAFATM (Google, Amazon, Twitter, Apple, Facebook y Microsoft) capitaliza la información, pero también, censuran, bloquean y prohíben ideas, pensamientos, opiniones y expresiones que ellos deciden unilateralmente son incómodas a “sus” intereses.

Hablan de cambio climático para monopolizar las fuentes de energías de los países productores de petróleo y someternos al subdesarrollo y el hambre; de sobrepoblación, cuando en realidad su plan es la eugenesia y el aborto como armas para controlar y disminuir la población (guerra demográfica); nos imponen su dinero digital y su dólar, para acabar con la soberanía monetaria de los paíse; dicen defender intereses grupales sexuales, cuando en realidad están exacerbando la destrucción de la familia, la libertad y el libre albedrío, pretendiendo además acabar con la propiedad privada, eso sí la nuestra, no la de las corporaciones y fondos de inversión.

Frente a tamaña manipulación, no es suficiente acudir al argumento de la “casa común o el bien común” como una patente de corso para imponernos  sus agendas, pues este no es un valor abstracto, sino que esconde infravalores e intereses concretos de grupos de poder plutocráticos. No es igual hablar del bien común como familia, trabajo real productivo, soberanía y desarrollo, que hablar de cambio climático para favorecer a monopolios de energías limpias verdes, salud pero que favorece a sus monopolios farmacéuticas, acceso a la información pero favoreciendo a las Big Tech, de hambruna para favorecer a la Bayer/Monsanto.

Es el hábil Saytán Global, quien vistiéndose de cordero, con las ideas que parecen buenas y nobles, favorecen a esa clase o grupos plutócratas globales que representan el 1% y nos obligan a una transición incruenta en campos de concentración digital.

Postular o justificarse en el “bien común” para  esconder sus intereses, es una burda manipulación, es como afirmar que los asesinatos inmisericordes tras bombardeos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) son “daños colaterales”. Mienten cuando dicen defender los valores de la democracia representativa que ellos mismos construyeron e impusieron a sangre y fuego, o los de la libre empresa, o el Derecho Internacional. Utilizan el poder suave para destruir principios y valores humanísticos, diluyendo toda singularidad cultural de las naciones, que nos hace diferentes sí, pero que nos enriquece como seres humanos.

Estas clases plutócratas globales, apátridas, transhumanistas, transnacionales, transeconómicas, transgéneros, que tratan de borrar toda identidad, límites y fronteras, conduciéndonos a la corrupción, degradación, al nihilismo y la desaparición como humanos, ya no se interesan por ningún valor tradicional, ni la política, ni lo político. No creen en la soberanía de los Estados-nación y plantean reducirlos para utilizarlos como simples conserjes o administradores de los negocios de las corporaciones, artefactos al servicio de los capos globales.

Convertir a los gobiernos en policías: represión y mera administración de la “nueva normalidad” (pensamiento único nihilista). Destruyendo el sentido de lo político que inspira a las luchas humanas y a las naciones. Por eso no necesitan ejércitos: necesitan simples policías para cuidar los intereses globales. ¿Para qué necesitan un ejército que defienda fronteras y territorios o poblaciones de los Estados soberanos, si la tesis es la paz global y la diplomacia de paz que evite el conflicto, aún cuando este sea inevitable para garantizar tu vida y la de la nación?

Es un asalto a las soberanías: la de los Estados-nación y la de los individuos. Restauración radical de la plutocracia o clase globalista que hoy se abraza para explotar a los pueblos soberanos con los liberales progresistas traidores, hijos de la revolución americana, francesa e internacional socialista. Hoy la progresía se une a la vieja  Santa Alianza, convertidos en un atroz Leviatán de poder financiero y tecnológico y sobre todo para engañar con agendas pseudohumanísticas y ecológicas, esclavizando a millones y exterminando a otros. Imponiendo una línea tecnológica invasiva y destructora de lo esencial de la sociedad humana. Postcapitalismo y catastrofismo climático sanitario, siempre neoliberal, que se apropia de las riquezas, concentrándolas, y ahora vienen por la desposesión incruenta, el neoesclavismo sustentable y transgenismo benefactor.

Corremos además un doble peligro, no solo son los capos de Davos y su acólitos globales (ONU y multilaterales incluidos), sino los traidores y enemigos internos que tributan en favor de los globalistas y que en cada nación actúan impulsando, imponiendo y aplicando dicha agenda de destrucción: esos son los peores. La nueva clase “pseudoprogresista”, según la cual la lucha por salario digno se reduce hoy a la renta básica universal y la asignación de un mínimo vital. Esa que desvariando actúa a través de Google y mutó al ordoliberalismo: reconciliación del capital como postcapitalismo y el progresismo desigualitario, sutil mutación que debe horrorizarnos. 

No nos dejemos confundir por su discurso interesado que finge luchar contra la desigualdad, sin atacar el aspecto real que produce esta desigualdad; fingen interesarse por la salud, el hambre, los conflictos,  sin modificar los aspectos concretos que producen tales males. Tampoco nos dejemos engañar por su discurso pseudohumanista (ideología para engatusar a los pueblos), pues nunca el amo quiere la libertad para el esclavo.

Volvamos a mandar al carajo al patotero del momento (Davos & CIA), hoy más sibilino, pues aprendió a simular rostro humanístico. Distinguirlos para salir de la emboscada y de la trampa de la lucha de falsos opuestos abstractos (izquierda/derecha) y su comedia de lucha de clase (18 Brumario Marx) que funciona para impedir que emerja el tercero siempre excluído (el pueblo real, lo humano real), dejando intacto el régimen de poder despótico representado en el amo y su pacto de élites.

Por eso y más, decimos: ¡Globalistas al carajo, patriotas del mundo uníos!

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